abcd
Poeta adicto al portal
La niñez nos queda grande,
como las matemáticas en el ombligo.
Las piedritas que marcaron el destino ahora pesan
y dejan de ser nuestras bolas mágicas llenas de ilusión.
Arriba, donde los copos verdes nunca tienen frío
ahora silban unos pájaros modernos,
que no vuelan, pero se las ingenian para no caer.
Adultos que forman arte con los pies,
porque todo lo aplastan,
porque dejan que su memoria sea el final del cuento,
no quieren volver a empezar,
los asfixia la tonta idea de la libertad,
el tonto y voluble acto de triunfar sin triunfar.
La niñez nos suele dar la espalda
mientras le damos panza o tentáculos para amarrarnos al don social,
nos da figuritas que intercambiamos por calles y semáforos,
nos da golpes y moretones que ya no lloramos
y que nunca, nunca supimos bautizar.
La niñez como droga es sana,
como terapia es mala,
y es aceite y es lunares en la sien.
Todo juego, todo azar
ahora es oneroso,
toda interpretación de la lluvia
es hacia dentro.
Ya no se inventan escudos anti dragones,
ya no sirven las espadas si no son de salivas,
ya aprendimos que el dolor mueve al mundo
y que el mundo nos mueve si no nos dejamos herir.
La niñez nos queda grande,
con la imaginación y los gorritos contra la tos,
con los deberes hechos y las faltas de ortografías todas en el pantalón.
Nos queda grande y poco valor le damos a la rayuela
que sigue con el cielo en el suelo,
que sigue con las manos y el abrazo en un cuatro en un seis,
que sigue llorando desde aquel día
en que decidiste caminar a saltar, a volar...
Algo parecido a crecer es olvidar.
como las matemáticas en el ombligo.
Las piedritas que marcaron el destino ahora pesan
y dejan de ser nuestras bolas mágicas llenas de ilusión.
Arriba, donde los copos verdes nunca tienen frío
ahora silban unos pájaros modernos,
que no vuelan, pero se las ingenian para no caer.
Adultos que forman arte con los pies,
porque todo lo aplastan,
porque dejan que su memoria sea el final del cuento,
no quieren volver a empezar,
los asfixia la tonta idea de la libertad,
el tonto y voluble acto de triunfar sin triunfar.
La niñez nos suele dar la espalda
mientras le damos panza o tentáculos para amarrarnos al don social,
nos da figuritas que intercambiamos por calles y semáforos,
nos da golpes y moretones que ya no lloramos
y que nunca, nunca supimos bautizar.
La niñez como droga es sana,
como terapia es mala,
y es aceite y es lunares en la sien.
Todo juego, todo azar
ahora es oneroso,
toda interpretación de la lluvia
es hacia dentro.
Ya no se inventan escudos anti dragones,
ya no sirven las espadas si no son de salivas,
ya aprendimos que el dolor mueve al mundo
y que el mundo nos mueve si no nos dejamos herir.
La niñez nos queda grande,
con la imaginación y los gorritos contra la tos,
con los deberes hechos y las faltas de ortografías todas en el pantalón.
Nos queda grande y poco valor le damos a la rayuela
que sigue con el cielo en el suelo,
que sigue con las manos y el abrazo en un cuatro en un seis,
que sigue llorando desde aquel día
en que decidiste caminar a saltar, a volar...
Algo parecido a crecer es olvidar.