abcd
Poeta adicto al portal
Le arrojo polvo a la locura, y agua,
quiero que tome fuerzas mientras la digiero.
Tengo que saltar tan alto hasta el lugar más alto de la tierra
y caer a la yerba, con otras yerbas
y otros subterfugios menos ostensibles.
Le prendería fuego a las banderas de mis ojos,
quiero que emigren todas las soledades de mi rostro
y ahí cuando nadie encuentre a todos
pedir perdón por todos los crímenes no cometidos.
Llevo perdido mucho tiempo, muchas mañanas comenzaron por la tarde
y muchas tardes no existieron, siempre o casi siempre en mi estuvo de noche.
A veces grito, cuando nazco panza arriba y una mujer me sonríe,
a veces me callo tanto que los caminos se cierran
y sentado es como espero el destino, con las manos, con las rodillas mugrientas.
¡Qué hermosos son los cactus!
Qué fea es la piedad, que fea la mentira,
que feo es estar pidiendo fuego
cuando en los bolsillos tenías el encendedor,
la foto,
la nostalgia
y algún poema final que iba a comenzar en esta primavera.
quiero que tome fuerzas mientras la digiero.
Tengo que saltar tan alto hasta el lugar más alto de la tierra
y caer a la yerba, con otras yerbas
y otros subterfugios menos ostensibles.
Le prendería fuego a las banderas de mis ojos,
quiero que emigren todas las soledades de mi rostro
y ahí cuando nadie encuentre a todos
pedir perdón por todos los crímenes no cometidos.
Llevo perdido mucho tiempo, muchas mañanas comenzaron por la tarde
y muchas tardes no existieron, siempre o casi siempre en mi estuvo de noche.
A veces grito, cuando nazco panza arriba y una mujer me sonríe,
a veces me callo tanto que los caminos se cierran
y sentado es como espero el destino, con las manos, con las rodillas mugrientas.
¡Qué hermosos son los cactus!
Qué fea es la piedad, que fea la mentira,
que feo es estar pidiendo fuego
cuando en los bolsillos tenías el encendedor,
la foto,
la nostalgia
y algún poema final que iba a comenzar en esta primavera.
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