Esrry López Valenzuela
Don't try
Creo que algo falta, hago lo que puedo, me esfuerzo, a veces ya no hay ímpetu ni palabras y solo queda anestesiar al cerebro o tal vez el corazón, corazón que lucha por ser de nadie que evita trampas del amor y sus cortes. Supongo que así es este juego tan peligroso, a medias, con misterios, desnivelado en momentos desorientado, pensante e hiriente.
Piezas faltan pero que se puede hacer cuando la persona está rota, algunas partes se pierden, o le pertenecen a alguien más, almas pluralizadas y ancladas a recuerdos que agobian, distraen, retardan el camino. Se intenta encontrar las piezas pero no están no le atañen al ser, se perdieron en el tiempo, se tratan de construir nuevas para darle representación pero es tarde ambos ensamblan de distintas formas, autolastimándose con pajas mentales por culpa de memorias confusas, fantasías perturbadoras.
Y así se va a la deriva, llevado por el viento, sin timón con la tranquilidad de arribar cuando quiera sin recuerdos, borrando huellas, sin dejar pistas ni caminos con el esperanza de un refugio, una mujer y su calidez, calidez que se transforma en fuego que sobrecalienta, dando lugar a la partida de nuevos lugares, otros amaneceres.
Contemplar, sentir el frío que da la soledad y mezclarlo con una dosis temporal de calor femenino, sabiendo que no existen los complementos. Así es el goce del enamorado partir cuando se siente amado y desaparece cuando resurge el día y vuelve a ser dondiego en cada travesía, abierto de noche y cerrado de día.
Piezas faltan pero que se puede hacer cuando la persona está rota, algunas partes se pierden, o le pertenecen a alguien más, almas pluralizadas y ancladas a recuerdos que agobian, distraen, retardan el camino. Se intenta encontrar las piezas pero no están no le atañen al ser, se perdieron en el tiempo, se tratan de construir nuevas para darle representación pero es tarde ambos ensamblan de distintas formas, autolastimándose con pajas mentales por culpa de memorias confusas, fantasías perturbadoras.
Y así se va a la deriva, llevado por el viento, sin timón con la tranquilidad de arribar cuando quiera sin recuerdos, borrando huellas, sin dejar pistas ni caminos con el esperanza de un refugio, una mujer y su calidez, calidez que se transforma en fuego que sobrecalienta, dando lugar a la partida de nuevos lugares, otros amaneceres.
Contemplar, sentir el frío que da la soledad y mezclarlo con una dosis temporal de calor femenino, sabiendo que no existen los complementos. Así es el goce del enamorado partir cuando se siente amado y desaparece cuando resurge el día y vuelve a ser dondiego en cada travesía, abierto de noche y cerrado de día.