Sariel_Rofocale
Poeta recién llegado
Y en el entre tanto maldito y aberrante, se nos escapa la vida de los dedos, quien sabe, pudiéndolo evitar, pero siendo demasiado perezosos como para que realmente nos importe una puñetera mierda.
Cayendo siempre en los mismos misterios sin fondo, destrozándonos la cabeza contra murallas que ocultan desolación y vacuidad en grados más o menos severos.
Quienes somos, a fin de cuentas, excepto sacos de carne ambulantes, buscando excusas para morir, como si vivir no fuera tan fácil. Buscando razones para vivir, como si morir no fuera gratuito. Qué se yo, carcomidos por el odio, por el resentimiento y los sueños diarios de ser siempre distintos, un otro yo, diferente, que realmente avance; rutinas ajenas, algo, lo que sea.
Algo distinto al silencio que nos estalla en la cabeza cada vez que vemos las cosas con cierta perspectiva.
Hay que decir que el mundo se mueve, y que las historias que dejamos morir por desgracia, ni tan siquiera alcanzan a reclamarnos nuestro descuido.
Nos hemos vuelto traidores, y estamos conformes con ello.
¿Tanto hemos cambiado entonces?
¿O es la brisa de la muerte enamorada?
No hay gritos nuevos en esta cacofonía, su dolor sigue siendo el mismo, más bien simple, más bien aburrido, consta de las mismas partes, los mismos ingredientes, y tanto la soledad, como su recuerdo, se van haciendo añejos, distantes, sin dejar por ello de remover en la herida, sin ser por ello menos brillantes.
Simple, que el mundo pasa, nos vamos haciendo viejos, la magia se acaba siempre al comenzar el día, y esta calma, como diría un poeta… No es tranquilidad, solo hedor a muerte.
Sariel Rofocale.
Última edición: