Calimero
Poeta recién llegado
La rúbrica de un esperado entierro
venía a tamizar la mirada de Alicia.
Iba encorvada como si quisiera reír,
como si quisiera encontrar una voz,
siempre rezando el padre nuestro
antes de cruzar tantos semáforos.
El llanto desteñía sus ropas manchadas
y de la paloma solo quedaba la sombra,
el dolor terminal sin cuidados paliativos
hilando la vergüenza al vuelo invisible
de una mariposa aturdida por el polen.
Aun así, llevaba un espejo a su madre
para que alcanzara a ver bien a su hija,
mientras le acariciaban la entrepierna
susurrando la impotencia del amor.
La malograda luz se olvidó de la niña
oculta bajo sepulturas de la progenie.
Quién pudiera resistirse a tanta locura.
-Pensaba Alicia mirando la madriguera-
Tal vez venga el sol a morir en mis ojos
antes de que caiga, de nuevo, la noche.
venía a tamizar la mirada de Alicia.
Iba encorvada como si quisiera reír,
como si quisiera encontrar una voz,
siempre rezando el padre nuestro
antes de cruzar tantos semáforos.
El llanto desteñía sus ropas manchadas
y de la paloma solo quedaba la sombra,
el dolor terminal sin cuidados paliativos
hilando la vergüenza al vuelo invisible
de una mariposa aturdida por el polen.
Aun así, llevaba un espejo a su madre
para que alcanzara a ver bien a su hija,
mientras le acariciaban la entrepierna
susurrando la impotencia del amor.
La malograda luz se olvidó de la niña
oculta bajo sepulturas de la progenie.
Quién pudiera resistirse a tanta locura.
-Pensaba Alicia mirando la madriguera-
Tal vez venga el sol a morir en mis ojos
antes de que caiga, de nuevo, la noche.
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