Mora Amaro
Poeta recién llegado
"Todo tiene alma, empezando por las piedras, ancestrales restos de lo que seremos, polvo vapuleado, endurecido y moldeado según su asiento." Mora Amaro 2013
Aquel árbol
Es inquietante escuchar un poema tuyo dicho por la voz de otra persona, inquietante porque te llega de afuera una historia que era tuya y que ahora alguien comparte... Inquietante porque siendo el mismo trabajo, es otro... Le agradezco este trabajo a Marcus Nalgaber que es quien con su respeto por mi obra, me ha hecho creer en mí. Espero que os guste. Un saludo a todos. Mora
AQUEL ÁRBOL
Aquel árbol
se erguía con sencillez hacia el cielo limpio,
y todo a su alrededor
parecía estar escuchando el suave rumor del aire
que mecía sus hojas tupidas
y de diferentes verdes.
Su soledad tranquila
aliviaba el calor reinante
que se aplanaba en su entorno,
y su sombra, fresca y protectora,
parecía querer agrandarse
para cobijar a un mayor número de aves.
El transcurso del tiempo
parecía haberse detenido en aquel rincón,
y la quietud que sólo interrumpía
algún que otro tímido aleteo,
le daba un aspecto de estampa
teñida por el color del jade.
El silencio se hacía sonido,
denso y agradable,
y todo lo que allí vivía
se dejaba mirar sin rebelarse,
dulce entrega del que no teme
porque aún no ha sentido daño.
Yo no me atreví a acercarme más
por temor a romper la paz
que allí crecía,
y me bastó con sentir
toda la fragancia que del calor y la sombra nacía,
perfume que nadie podrá imitar jamás.
© Mora Amaro – 1998 http//onacarom.com
Aquel árbol
Es inquietante escuchar un poema tuyo dicho por la voz de otra persona, inquietante porque te llega de afuera una historia que era tuya y que ahora alguien comparte... Inquietante porque siendo el mismo trabajo, es otro... Le agradezco este trabajo a Marcus Nalgaber que es quien con su respeto por mi obra, me ha hecho creer en mí. Espero que os guste. Un saludo a todos. Mora
AQUEL ÁRBOL
Aquel árbol
se erguía con sencillez hacia el cielo limpio,
y todo a su alrededor
parecía estar escuchando el suave rumor del aire
que mecía sus hojas tupidas
y de diferentes verdes.
Su soledad tranquila
aliviaba el calor reinante
que se aplanaba en su entorno,
y su sombra, fresca y protectora,
parecía querer agrandarse
para cobijar a un mayor número de aves.
El transcurso del tiempo
parecía haberse detenido en aquel rincón,
y la quietud que sólo interrumpía
algún que otro tímido aleteo,
le daba un aspecto de estampa
teñida por el color del jade.
El silencio se hacía sonido,
denso y agradable,
y todo lo que allí vivía
se dejaba mirar sin rebelarse,
dulce entrega del que no teme
porque aún no ha sentido daño.
Yo no me atreví a acercarme más
por temor a romper la paz
que allí crecía,
y me bastó con sentir
toda la fragancia que del calor y la sombra nacía,
perfume que nadie podrá imitar jamás.
© Mora Amaro – 1998 http//onacarom.com