Sira
Poeta fiel al portal
Alma profanada
La Muerte me acaricia,
como si se tratara de un amante.
A través del velo carmesí del dolor
saboreo sus besos.
La carne que se abre.
La sangre que fluye.
El crujido de mis huesos.
La sal de mis incesantes lágrimas,
quemando mi rostro amoratado,
mezclándose con mi sudor.
Cerrando los ojos con fuerza...
gritando hasta quedarme sin voz.
Mi cuerpo que ya no responde,
tan sólo queda un guiñapo inerte y sanguinolento;
pues ya no poseo una sola gota de energía
que confiera vida a mis torturados miembros.
Mi boca y sexo anegados del sabor amargo y cálido,
inconfundible, de mi propia sangre
confundiéndose con blanco y perlado semen.
Germen que mi verdugo esparció
hasta lo más hondo de mis entrañas.
Hasta el fondo de mi garganta desgarrada...
mancillando así también
los despojos de mi alma profanada.
Acude a mi lado, amante Muerte.
Cierra de una vez por todas mis ojos,
de una vez y para siempre.
Consume vorazmente el hálito de mi pecho.
Bloquea con tu hipnótico arrullo mis oídos.
Aprieta mi corazón con tu garra oscura y helada
para que no vuelva a palpitar nunca más.
Llévame a tu lado. Arrástrame contigo.
Bésame con tu aliento de hielo gélido una vez más
y todo se habrá terminado.
Libérame de la cárcel de mi cuerpo arruinado
para tomar mis pálidas y temblorosas manos
y bailar conmigo bajo el cielo de esta noche eterna.
Ayúdame a purificar los despojos de mi alma profanada
con las caricias de las rutilantes estrellas.
La Muerte me acaricia,
como si se tratara de un amante.
A través del velo carmesí del dolor
saboreo sus besos.
La carne que se abre.
La sangre que fluye.
El crujido de mis huesos.
La sal de mis incesantes lágrimas,
quemando mi rostro amoratado,
mezclándose con mi sudor.
Cerrando los ojos con fuerza...
gritando hasta quedarme sin voz.
Mi cuerpo que ya no responde,
tan sólo queda un guiñapo inerte y sanguinolento;
pues ya no poseo una sola gota de energía
que confiera vida a mis torturados miembros.
Mi boca y sexo anegados del sabor amargo y cálido,
inconfundible, de mi propia sangre
confundiéndose con blanco y perlado semen.
Germen que mi verdugo esparció
hasta lo más hondo de mis entrañas.
Hasta el fondo de mi garganta desgarrada...
mancillando así también
los despojos de mi alma profanada.
Acude a mi lado, amante Muerte.
Cierra de una vez por todas mis ojos,
de una vez y para siempre.
Consume vorazmente el hálito de mi pecho.
Bloquea con tu hipnótico arrullo mis oídos.
Aprieta mi corazón con tu garra oscura y helada
para que no vuelva a palpitar nunca más.
Llévame a tu lado. Arrástrame contigo.
Bésame con tu aliento de hielo gélido una vez más
y todo se habrá terminado.
Libérame de la cárcel de mi cuerpo arruinado
para tomar mis pálidas y temblorosas manos
y bailar conmigo bajo el cielo de esta noche eterna.
Ayúdame a purificar los despojos de mi alma profanada
con las caricias de las rutilantes estrellas.