Bienvenido, Alfiras. No voy a juzgar si este poema es experimental o surreal, pero me ha entrado un placer enorme al leerlo, sobre todo (supongo yo que muy probablemente por ignorancia la mía) por el último verso que, para éste que te escribe es enigmàtico.
Percibir el cielo tal un acantilado me parece algo tremendo, y el hecho de que a ciertas horas no se tenga a certidumbre si amanece o atardece, también me parece una observación tremenda, que, según me aventuro a interpretar dice mucho sobre la imposibilidad del descanso eterno.
Abrazos.