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Alma

daniel amaya

Poeta fiel al portal
¡Oh , soy la ventana junto a las ramas muertas,

frente al frío, del cuervo anidando en la luna,

hay caminos errantes en medio

con la agonía encima de los hombros,

indefensos, volátiles , perdidos,

duermen…


Soy el eco de los nombres

en el viaje olvidado hacia la puesta,

la caída de las luces en el ocaso

pincelan rutas profundas a través de los ojos

huidos a los adentros de los mares rojos .


Soy la serenidad del campo nocturno

pesando los pasos en el silencio,

sobre los caminos errantes

las mentes surfean lentas y prófugas

luchando en arenas profundas, propias

¿y si el foco no enciende?

los patíbulos imperiosos ultrajan

las fuerzas en torno a la lumbre;

claro está el aura ajeno,

en los adentros la oscuridad renca

como el sufrimiento de las lágrimas

que despiden en los mares.


Soy la noche larga en los océanos,

virtuoso, misterioso y pulcro,

en la calma, en el sosiego,

los recuerdos se difuminan en los astros

mareando laberintos hipnóticos en la nada,

las tormentas se aproximan siempre

entre nublas de mentes interfectas.


Soy los viejos robles confundidos

por el fulgurar de la luz blanca de luna,

han de cantar en el silencio espeso

al otoño guardado en los escalofríos,

en la vastedad de las hojas secas

los cuerpos se hieren en el prado

amarillento de hielo en la sangre,

el viento ha de venir fisgado

en la corrientes que asolan todo adentro,

todo, todo, todo…
 
Última edición:
¡Oh , soy la ventana junto a las ramas muertas,

frente al frío, del cuervo anidando en la luna,

hay caminos errantes en medio

con la agonía encima de los hombros,

indefensos, volátiles , perdidos,

duermen…


Soy el eco de los nombres

en el viaje olvidado hacia la puesta,

la caída de las luces en el ocaso

pincelan rutas profundas a través de los ojos

huidos a los adentros de los mares rojos .


Soy la serenidad del campo nocturno

pesando los pasos en el silencio,

sobre los caminos errantes

las mentes surfean lentas y prófugas

luchando en arenas profundas, propias

¿y si el foco no enciende?

los patíbulos imperiosos ultrajan

las fuerzas en torno a la lumbre;

claro está el aura ajeno,

en los adentros la oscuridad renca

como el sufrimiento de las lágrimas

que despiden en los mares.


Soy la noche larga en los océanos,

virtuoso, misterioso y pulcro,

en la calma, en el sosiego,

los recuerdos se difuminan en los astros

mareando laberintos hipnóticos en la nada,

la tormentas se aproximan siempre

entre nublas de mentes interfectas.


Soy los viejos robles confundidos

por el fulgurar de la luz blanca de luna,

han de cantar en el silencio espeso

al otoño guardado en lo escalofríos,

en la bastedad de las hojas secas

los cuerpos se hieren en el prado

amarillento de hielo en la sangre,

el viento ha de venir fisgado

en la corrientes que asolan todo adentro,

todo, todo, todo…
Hace falta que tome su lugar y vuelva el amor.

Saludos
 
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