Alta mañana en la caseta y la olla: El lánguido despertar

Lord Visent

Poeta recién llegado
Las paredes de aquella caseta

son testigos, el techo

con el que evitamos las tormentas

y sobre donde nos sentábamos: el suelo.


Son testigos de mi poca vergüenza,

de mi ausencia de culpa,

amor y arrepentimiento,

pues soy el acusado desde leguas.


Recuerdo a todos los vándalos

juntos... robando carros,

huyendo de los payos

y saliendo de la caseta

con botellas rotas en las manos.


En la alta mañana de la luna roja,

me dijo que todos estábamos solos,

ni siquiera la olla de cristales rotos

era nuestra, era de la sombra,

de la noche más oscura… la nueva.


Nos dimos cuenta de la podredumbre,

de la vil miasma que rezuma

de sus pútridas bocas,

de sus apacibles pasos de derrumbes

y del falso óbsculo que tanto me asusta.


Aquí… no sentí que amo,

no noté el calor en ese agujero.


Soy… un pastor pagano,

el Bhakti lo vi tan lejos…

y el odio tan sumamente cerca…

Que quiero ofrecer el perdón

para redimir mi gran fracaso.


Ahora, os amo, bienesqueridos,

gracias, Sri Prema.
 
Ni perdón ni castigo.
Ni prejuicio ni culpa.
Tan solamente, amigo,
la fruta y su pulpa.


¡ Disfruta ! Acéptalo, aunque te cueste.


El café, en la cafetera.
Tan sólo un minuto hirviendo.
Si no la retiras a tiempo, sabrá amargo.
Perderá su Gracia. Como diría Miguel de Cervantes Saavedra:




<< No puede haber Gracia, donde no hay discreción. >>


Discreto, pues.
Sin propaganda.
Con atributos, pero la fama, mejor, cuanto más cerca.
La fama, como el perfume: En frascos pequeños.
 
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