Zulma Martínez
Mar azul...
Visión incomparable;
del universo, un espejismo.
Imponencia cortada a pique.
Paisaje en equilibrio
entre la árida rudeza de los mimbres
y el polvoriento marrón de un espinillo.
Más arriba, las cumbres lastiman
las nubes que semejan racimos.
Pajonales, un arroyo, un sendero,
helechos en cascadas, verdes intensos
y la inocente palidez del amarillo
arrastrando impensados sentimientos
hacia la oquedad de un precipicio.
Un cóndor en plácido planeo,
dibuja las curvas del camino.
A la espera de la lluvia, la tierra
clama de sed en indigno desquicio.
Inmensidad que trastorna los sentidos.
Silencio a punto de trocarse en grito.
Tentación de convertir tu nombre en eco
y en vendaval ese suspiro repentino.
Plenitud en los erguidos picos.
Serenidad y desafío.
Ante mis incrédulos ojos... ¡el Olimpo!
Inspirado en el paisaje que ofrece el camino de las Altas Cumbres. Sierras Grandes. Provincia de
Córdoba. Argentina.
del universo, un espejismo.
Imponencia cortada a pique.
Paisaje en equilibrio
entre la árida rudeza de los mimbres
y el polvoriento marrón de un espinillo.
Más arriba, las cumbres lastiman
las nubes que semejan racimos.
Pajonales, un arroyo, un sendero,
helechos en cascadas, verdes intensos
y la inocente palidez del amarillo
arrastrando impensados sentimientos
hacia la oquedad de un precipicio.
Un cóndor en plácido planeo,
dibuja las curvas del camino.
A la espera de la lluvia, la tierra
clama de sed en indigno desquicio.
Inmensidad que trastorna los sentidos.
Silencio a punto de trocarse en grito.
Tentación de convertir tu nombre en eco
y en vendaval ese suspiro repentino.
Plenitud en los erguidos picos.
Serenidad y desafío.
Ante mis incrédulos ojos... ¡el Olimpo!
Inspirado en el paisaje que ofrece el camino de las Altas Cumbres. Sierras Grandes. Provincia de
Córdoba. Argentina.
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