Ligia Calderón Romero
Poeta veterano en el portal
Alucinación
¡La puerta entreabierta!
El alféizar atrapa su silueta,
con su mirada de malicia
atada a una sonrisa de blanco marfil.
¡Pregonero! Pintado de alba
y ensoñación, entre las sombras
como acuarela delinea la silueta
que yace sobre el tálamo,
¡inmóvil!
junto a los libros que callan.
Atrapada entre los suaves lienzos
vehementes sentidos,
a medio tono musita su nombre,
casi en secreto
como si fuese prohibido pronunciarlo al grito,
como si tuviese miedo
que el viento que sopla lo lleve a otra parte.
¡Ven! Con voz lívida alcanza a decir
en un éxtasis que acelera la respiración
y agita los mares,
doblegando hasta el alma.
En ese mismo instante, el fuego ardió,
en la distancia
dos miradas férvidas
chamuscaban sus pestañas
y en esa misma distancia invade mis sueños
y yo deletreo su nombre.
31 de marzo, 2008
¡La puerta entreabierta!
El alféizar atrapa su silueta,
con su mirada de malicia
atada a una sonrisa de blanco marfil.
¡Pregonero! Pintado de alba
y ensoñación, entre las sombras
como acuarela delinea la silueta
que yace sobre el tálamo,
¡inmóvil!
junto a los libros que callan.
Atrapada entre los suaves lienzos
vehementes sentidos,
a medio tono musita su nombre,
casi en secreto
como si fuese prohibido pronunciarlo al grito,
como si tuviese miedo
que el viento que sopla lo lleve a otra parte.
¡Ven! Con voz lívida alcanza a decir
en un éxtasis que acelera la respiración
y agita los mares,
doblegando hasta el alma.
En ese mismo instante, el fuego ardió,
en la distancia
dos miradas férvidas
chamuscaban sus pestañas
y en esa misma distancia invade mis sueños
y yo deletreo su nombre.
31 de marzo, 2008
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