sadcuore
Poeta recién llegado
Al compás de un murmullo sumergía,
su mirada en el abismo de su casa,
de un orgullo que se plasma en melodía,
cuando son sus ojos los que hablan.
Manos cálidas y pelo blanco,
su vida escrita en las arrugas de su cara,
con eterna sonrisa y corazón en la mano,
no atiende ya a expresarse con palabras.
Su alma no es vieja, es de un niño,
que renace cual sol entre las montañas,
vitalidad que deja de paso al olvido,
de unos recuerdos que sin más se marchan.
Pero es feliz con cada desconocido,
que viene a darle su cariño y le alaban,
entre momentos que cree nunca haber vivido,
más asiente siempre sin decir nada.
Fue abuelo, padre, y también hijo,
y revive ahora sus momentos de niñez,
entre travesuras que sin sentido,
activan las esperanzas de un ayer.
Ya no llora cuando ve el paso del camino,
que dejó a expensas de un por qué,
solo disfruta de lo que significa estar vivo,
con la mirada del niño que un día fue.
su mirada en el abismo de su casa,
de un orgullo que se plasma en melodía,
cuando son sus ojos los que hablan.
Manos cálidas y pelo blanco,
su vida escrita en las arrugas de su cara,
con eterna sonrisa y corazón en la mano,
no atiende ya a expresarse con palabras.
Su alma no es vieja, es de un niño,
que renace cual sol entre las montañas,
vitalidad que deja de paso al olvido,
de unos recuerdos que sin más se marchan.
Pero es feliz con cada desconocido,
que viene a darle su cariño y le alaban,
entre momentos que cree nunca haber vivido,
más asiente siempre sin decir nada.
Fue abuelo, padre, y también hijo,
y revive ahora sus momentos de niñez,
entre travesuras que sin sentido,
activan las esperanzas de un ayer.
Ya no llora cuando ve el paso del camino,
que dejó a expensas de un por qué,
solo disfruta de lo que significa estar vivo,
con la mirada del niño que un día fue.
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