La Sexorcisto
Lluna V. L.
Un día desperté de verdad,
no era la bella durmiente
ni una sirena
tampoco la sílfide,
era una mujer con sus sombras
y un pedazo de cielo a cuestas,
a veces un tornado de palabras
amando lo que no se puede amar,
a ti.
Con los labios más rápidos
que la velocidad de la luz,
con la ironía de que nadie me veía
y la astucia de una gata negra,
con lo que fuera que parara el tiempo
y la historia,
si estaba la llave en otra dimensión
ahí estaba mi lengua.
La rambla acaba en el mar
el mar en la piel,
en la piel un mundo de peltre
empezaba caerse a pedazos,
disfrutando cada trozo y ruina
antes del colapso,
fruta que flotaba ente los pecios
y dioses de madera,
amando por instantes y centurias.
no era la bella durmiente
ni una sirena
tampoco la sílfide,
era una mujer con sus sombras
y un pedazo de cielo a cuestas,
a veces un tornado de palabras
amando lo que no se puede amar,
a ti.
Con los labios más rápidos
que la velocidad de la luz,
con la ironía de que nadie me veía
y la astucia de una gata negra,
con lo que fuera que parara el tiempo
y la historia,
si estaba la llave en otra dimensión
ahí estaba mi lengua.
La rambla acaba en el mar
el mar en la piel,
en la piel un mundo de peltre
empezaba caerse a pedazos,
disfrutando cada trozo y ruina
antes del colapso,
fruta que flotaba ente los pecios
y dioses de madera,
amando por instantes y centurias.
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