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Amanecer

penabad57

Poeta veterano en el portal
Con qué lentitud recita la lluvia su estrofa de agua.

Este gris, este velo que pone en los iris un haz de melancolía
extiende su manto nebuloso sobre la cara ocre de las tejas,
sobre la piel lisa de los ventanales,
sobre el vacío de las plazas oscuras,
sobre la misérrima luz de las farolas.

Veo el efluvio, la minúscula mortaja del orvallo,
las ondas del aire con su túnica invisible de abrazos,
los paraguas como hongos húmedos,
la premura de los transeúntes,
el amarillo sobre el pavimento
como una segunda pátina
desde los faros redondos de los utilitarios.

En el mercado las voces anuncian un despertar,
la riqueza primigenia del crustáceo,
de la hogaza, del fruto hortícola, de la carne púrpura,
del pez plateado, de la legumbre y la especia;
tierra y mar, amanecen.

Al hombre que soy aún le mojan los recuerdos,
llovía cuando tu ausencia se hizo luz,
luz de agua en mis ojos.
 
Última edición:
Con qué lentitud recita la lluvia su estrofa de agua.

Este gris, este velo que pone en los iris un haz de melancolía
extiende su manto nebuloso sobre la cara ocre de las tejas,
sobre la piel lisa de los ventanales,
sobre el vacío de las plazas oscuras,
sobre la misérrima luz de las farolas.

Veo el efluvio, la minúscula mortaja del orvallo,
las ondas del aire con su túnica invisible de abrazos,
los paraguas como hongos húmedos,
la premura de los transeúntes,
el amarillo sobre el pavimento
como una segunda pátina
desde los faros redondos de los utilitarios.

En el mercado las voces anuncian un despertar,
la riqueza primigenia del crustáceo,
de la hogaza, del fruto hortícola, de la carne púrpura,
del pez plateado, de la legumbre y la especia;
tierra y mar, amanecen.

Al hombre que soy aún le mojan los recuerdos,
llovía cuando tu ausencia se hizo luz,
luz de agua en mis ojos.
Sí que amenacen las luces y voces del mundo, como amanecen los días en los que no dejan de llover los recuerdos.
Un gusto leerte. Saludos.
 
Con qué lentitud recita la lluvia su estrofa de agua.

Este gris, este velo que pone en los iris un haz de melancolía
extiende su manto nebuloso sobre la cara ocre de las tejas,
sobre la piel lisa de los ventanales,
sobre el vacío de las plazas oscuras,
sobre la misérrima luz de las farolas.

Veo el efluvio, la minúscula mortaja del orvallo,
las ondas del aire con su túnica invisible de abrazos,
los paraguas como hongos húmedos,
la premura de los transeúntes,
el amarillo sobre el pavimento
como una segunda pátina
desde los faros redondos de los utilitarios.

En el mercado las voces anuncian un despertar,
la riqueza primigenia del crustáceo,
de la hogaza, del fruto hortícola, de la carne púrpura,
del pez plateado, de la legumbre y la especia;
tierra y mar, amanecen.

Al hombre que soy aún le mojan los recuerdos,
llovía cuando tu ausencia se hizo luz,
luz de agua en mis ojos.

Tenía algunos días sin participar de los foros y siempre es un gusto volver a encontrar tus mundos creativos que transforman lo natural en introspección emotiva.
La lluvia se vuelve conmovedora al fusionarse con el alma.
Un abrazo con la admiración de siempre.
 
Con qué lentitud recita la lluvia su estrofa de agua.

Este gris, este velo que pone en los iris un haz de melancolía
extiende su manto nebuloso sobre la cara ocre de las tejas,
sobre la piel lisa de los ventanales,
sobre el vacío de las plazas oscuras,
sobre la misérrima luz de las farolas.

Veo el efluvio, la minúscula mortaja del orvallo,
las ondas del aire con su túnica invisible de abrazos,
los paraguas como hongos húmedos,
la premura de los transeúntes,
el amarillo sobre el pavimento
como una segunda pátina
desde los faros redondos de los utilitarios.

En el mercado las voces anuncian un despertar,
la riqueza primigenia del crustáceo,
de la hogaza, del fruto hortícola, de la carne púrpura,
del pez plateado, de la legumbre y la especia;
tierra y mar, amanecen.

Al hombre que soy aún le mojan los recuerdos,
llovía cuando tu ausencia se hizo luz,
luz de agua en mis ojos.
Al hombre que aún eres le sobra abundancia de ser y juventud, querido amigo. Siempre agradezco las palabras que para mi nuevas, y "orvallo" me encantó. Es como seguir aprendiendo a caminar.
Te abrazo mucho.
 
Con qué lentitud recita la lluvia su estrofa de agua.

Este gris, este velo que pone en los iris un haz de melancolía
extiende su manto nebuloso sobre la cara ocre de las tejas,
sobre la piel lisa de los ventanales,
sobre el vacío de las plazas oscuras,
sobre la misérrima luz de las farolas.


Unas preciosas meta foras. Es un gusto leerte. Un abrazo
 
Con qué lentitud recita la lluvia su estrofa de agua.

Este gris, este velo que pone en los iris un haz de melancolía
extiende su manto nebuloso sobre la cara ocre de las tejas,
sobre la piel lisa de los ventanales,
sobre el vacío de las plazas oscuras,
sobre la misérrima luz de las farolas.


Unas preciosas meta foras. Es un gusto leerte. Un abrazo
Gracias, María, por la amabilidad del comentario. Un abrazo.
 

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