Amantes al ocaso.

S. Gerardo B. Gamboa

Poeta fiel al portal

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Amantes al ocaso.



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Me encanta el arrebol de tu cariño
cuando nos encontramos ido el sol,
te esmeras obsequiándome tu guiño
temblando al verte fuera de control.


Baja una gota fría por la frente
ante las ganas locas de besarte,
la lengua la sacudes tan sonriente
haciéndose imposible despreciarte.


Palpita el corazón acelerado
cual tornado anhelante por la sierra,
que rebusca a su amada atolondrado
sin saber si la ingrata lo destierra.


Es saciarse en el brillo de esos ojos
cuando la besa ardiente enamorado,
destrabando a su paso los cerrojos
que de su lado lo hayan apartado.


La sangre se derrite con su encanto
es música el delirio de esa voz,
esos besos lo envuelven en un manto
y él salta y se los roba como arroz.


Al sentirle ese cuello tan erguido
lo llena de caricias en el acto,
luego sigue el camino preferido
allí donde la gloria está de facto.


Ella ya se estremece entre sus brazos
le palpitan feroz las emociones,
naufraga en el amar de los sargazos
mientras su divo queda hecho jirones

Luego tocando al fuego se conectan
y en un grito se encuentran en el cielo,
luego todas las aguas se apacientan
y la sierra los llena de consuelo.


El sol en su delirio asió a la luna
sus miradas se clavan como estacas,
sujetos al vaivén de la fortuna
al tener que batirse entre matracas.



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Autor: Silvino Gerardo Becerra Gamboa.
Lunes, 26 de enero de 2015.

Composición Registrada.
Derechos de autor.
©copyright.
 
Última edición:
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Amantes al ocaso.



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Me encanta el arrebol de tu cariño
cuando nos encontramos ido el sol,
te esmeras obsequiándome tu guiño
temblando al verte fuera de control.


Baja una gota fría por la frente
ante las ganas locas de besarte,
la lengua la sacudes tan sonriente
haciéndose imposible despreciarte.


Palpita el corazón acelerado
cual tornado anhelante por la sierra,
que rebusca a su amada atolondrado
sin saber si la ingrata lo destierra.


Es saciarse en el brillo de esos ojos
cuando la besa ardiente enamorado,
destrabando a su paso los cerrojos
que de su lado lo hayan apartado.


La sangre se derrite con su encanto
es música el delirio de esa voz,
esos besos lo envuelven en un manto
y él salta y se los roba como arroz.


Al sentirle ese cuello tan erguido
lo llena de caricias en el acto,
luego sigue el camino preferido
allí donde la gloria está de facto.


Ella ya se estremece entre sus brazos
le palpitan feroz las emociones,
naufraga en el amar de los sargazos
mientras su divo queda hecho jirones

Luego tocando al fuego se conectan
y en un grito se encuentran en el cielo,
luego todas las aguas se apacientan
y la sierra los llena de consuelo.


El sol en su delirio ase a la luna
sus miradas se clavan como estacas,
sujetos al vaivén que los abruma
al tener que batirse entre matracas.



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Autor: Silvino Gerardo Becerra Gamboa.
Lunes, 26 de enero de 2015.

Composición Registrada.
Derechos de autor.
©copyright.
BELLO UN GUSTO ENORME LEERTE, UN ABRAZO POETA
 

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