alecalo
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Cae la lluvia incesante, las gotas de agua pegan contra el vidrio de esa ventana que esta entreabierta, el viento sopla creando sonidos, el miedo acecha, es la excusa perfecta para aferrarme a tu cuerpo, tu me rodeas con tus brazos tan fuertes.
La habitación esta oscura, y no queremos encender la luz, la cama nos espera tibia y ansiosa de que nuestros cuerpos estén reposados en ella.
Tus besos comienzan a dar calor a todo mi ser, el sudor se desborda a través de los poros, la respiración se acelera creando dignos gemidos en tus oídos, mis piernas se abren y abrazan tus caderas, sintiendo así el majestuoso contacto con tu sexo, tu boca sigue explorándome , mi cuello, mis hombros , mi pecho.
El éxtasis se acrecienta, estas sobre mí y las miradas lo dicen todo, nos gusta sentirnos así.
¡Amantes!
Tu vientre se entumece y con fuerza delicada regala sensuales movimientos a mi vientre ¡que majestuosa sensación! Mis manos en tu espalda dejan marcadas las huellas de mis dedos aprisionándote de tanto placer, el mordisco de mi boca sobre tus hombros y las caricias de mis besos en tus mejillas, indican que el clímax entre nosotros se consuma mágicamente, apasionadamente, hasta ya no sentir la lluvia acechándonos.
Nuestras narices rozan nuestros rostros, en ese acto totalmente tierno en el cual fuimos en carne un mismo cuerpo asentando con tanta lujuria que por primera vez hacíamos el amor.
La habitación esta oscura, y no queremos encender la luz, la cama nos espera tibia y ansiosa de que nuestros cuerpos estén reposados en ella.
Tus besos comienzan a dar calor a todo mi ser, el sudor se desborda a través de los poros, la respiración se acelera creando dignos gemidos en tus oídos, mis piernas se abren y abrazan tus caderas, sintiendo así el majestuoso contacto con tu sexo, tu boca sigue explorándome , mi cuello, mis hombros , mi pecho.
El éxtasis se acrecienta, estas sobre mí y las miradas lo dicen todo, nos gusta sentirnos así.
¡Amantes!
Tu vientre se entumece y con fuerza delicada regala sensuales movimientos a mi vientre ¡que majestuosa sensación! Mis manos en tu espalda dejan marcadas las huellas de mis dedos aprisionándote de tanto placer, el mordisco de mi boca sobre tus hombros y las caricias de mis besos en tus mejillas, indican que el clímax entre nosotros se consuma mágicamente, apasionadamente, hasta ya no sentir la lluvia acechándonos.
Nuestras narices rozan nuestros rostros, en ese acto totalmente tierno en el cual fuimos en carne un mismo cuerpo asentando con tanta lujuria que por primera vez hacíamos el amor.
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