Amantes.
Ante la religiosa idea del pecado
- extremismo, maldad y castigos -
yo elegí entregarme a tu pasión,
por ti quebranté el voto sagrado
que fundía boda, hijos y motivos,
fui tu amante con desesperación.
Y tú, por mí, no sólo te expusiste,
te bañaste, recibiste y aceptaste
al escarnio escarlata del pecado,
para amarme, tu libertad cediste,
todo pudor y tus reservas dejaste
en entregas sin celos del pasado.
Juntos dimos nuestra faz al viento,
fuimos aguas que bebía sediento
y la pasión que calmó tu soledad,
fuimos profecía y presentimiento
un ágil reto y burla al sentimiento,
creando un tiempo de procacidad.
Pecaminosos, fuimos pensamiento
que se oscurecía en frío reproche
acción que vivió rutas de alegría,
y un espejo del insomne viento,
del fugaz arrepentimiento de noche
y felicidad culpable y genuina de día.
Por que cada amor, contenía llanto
algo fuimos que el cáliz quebraba.
Es cierto, quisimos querernos tanto,
estalló nuestra voz con ferocidad,
pero cada noche, era vaciedad,
desesperanza que nos aquejaba.
Y llegó el día pleno y se fue la tarde,
y vimos la noche hasta que quisimos
y con su conjuro de la magia buena
hicimos hechizos del amor que arde
y hechos de deseo, castillos hicimos
donde custodiamos esa dicha plena.
Y ya sin noches y sin más reproches,
solo había rutas y no había pecados
porque nos fundimos hasta la agonía
y fuimos amantes viviendo derroches
y galas de amor que fueron recados
para el paraíso que en ti compartía.
Ante la religiosa idea del pecado
- extremismo, maldad y castigos -
yo elegí entregarme a tu pasión,
por ti quebranté el voto sagrado
que fundía boda, hijos y motivos,
fui tu amante con desesperación.
Y tú, por mí, no sólo te expusiste,
te bañaste, recibiste y aceptaste
al escarnio escarlata del pecado,
para amarme, tu libertad cediste,
todo pudor y tus reservas dejaste
en entregas sin celos del pasado.
Juntos dimos nuestra faz al viento,
fuimos aguas que bebía sediento
y la pasión que calmó tu soledad,
fuimos profecía y presentimiento
un ágil reto y burla al sentimiento,
creando un tiempo de procacidad.
Pecaminosos, fuimos pensamiento
que se oscurecía en frío reproche
acción que vivió rutas de alegría,
y un espejo del insomne viento,
del fugaz arrepentimiento de noche
y felicidad culpable y genuina de día.
Por que cada amor, contenía llanto
algo fuimos que el cáliz quebraba.
Es cierto, quisimos querernos tanto,
estalló nuestra voz con ferocidad,
pero cada noche, era vaciedad,
desesperanza que nos aquejaba.
Y llegó el día pleno y se fue la tarde,
y vimos la noche hasta que quisimos
y con su conjuro de la magia buena
hicimos hechizos del amor que arde
y hechos de deseo, castillos hicimos
donde custodiamos esa dicha plena.
Y ya sin noches y sin más reproches,
solo había rutas y no había pecados
porque nos fundimos hasta la agonía
y fuimos amantes viviendo derroches
y galas de amor que fueron recados
para el paraíso que en ti compartía.