F. Noctívago
Poeta recién llegado
Tu voz suave me hechiza,
a mi alma lleva sosiego,
fulgor tenue, noble ruego,
que en mi noche se desliza.
Tu mirada se eterniza
como faro en mar sereno,
en su fulgor puro y pleno,
mi pecho halla su querer;
no hay dolor que lo haga ceder,
eres sueño sin veneno.
Tu nombre vive en mi aliento,
como una flor encendida,
es raíz de mi otra vida
y latido de mi viento.
Te pienso y en todo intento
se vuelve verso en ternura,
fuego sin sombra ni amargura,
que no consume, enamora.
Tu amor de la nada aflora
sin pedir nunca cordura.
a mi alma lleva sosiego,
fulgor tenue, noble ruego,
que en mi noche se desliza.
Tu mirada se eterniza
como faro en mar sereno,
en su fulgor puro y pleno,
mi pecho halla su querer;
no hay dolor que lo haga ceder,
eres sueño sin veneno.
Tu nombre vive en mi aliento,
como una flor encendida,
es raíz de mi otra vida
y latido de mi viento.
Te pienso y en todo intento
se vuelve verso en ternura,
fuego sin sombra ni amargura,
que no consume, enamora.
Tu amor de la nada aflora
sin pedir nunca cordura.