Amarte duele y amar también duele.
Qué sería del amor sin dolor
Qué sería de la alegría sin el pesar
Qué del encanto sin la angustia
Y qué de la ilusión sin la cruda verdad.
Contrapuestos van y vienen
Como por una avenida de doble vía
Unas veces para abajo y otras para arriba
Cruzándose en puntos muertos
O entre las calles vacías.
Así va hoy mi desamor solito
Sin contrapunto, sin rival,
Luchando contra la cruda verdad.
Hablé de puntos muertos
Y hoy es uno de ellos: falleció el amor
Y ahora reina la desilusión y el desencanto
¡Bienvenido a la dependencia emocional!
Pero es punto de partida, como el zarpar
De un puerto hacia la inmensidad del mar
De unas aguas antes turbulentas y frías
A otras pacíficas y cálidas...(eso espera al menos...)
Pero la oportunidad está viva, latente y fuerte
Esperando las órdenes de este capitán solitario
Que sin marineros y contramaestres
Agarra con sus manos aún temblorosas
El timón que lo llevará hacia no se sabe dónde
Y no se sabe cómo ni cuando llegará (o si llegará).
Tras la partida deja el pasado atrás (eso cree él)
Con un pañuelo blanco que se confunde con
Un pelícano en pleno vuelo su pasado
Le dice chao y no se sabe si derrama lágrimas
O es la estela de la espuma del mar
La que el pelícano deja caer sobre la borda.
También se despiden sus viejas amistades
Entre ellas obsesión, compulsión, ansiedad,
Falsedad, arrogancia, manipulación, hipocresía,
Y su compañera fiel (eso también lo cree) la irreverencia.
El barco se aleja del muelle y los pequeños pañuelos
Ahora son solo unos puntos pardos que se pierden
En lontananza del azul misterioso y el gris de la espuma
Que choca tercamente contra la roca de una despedida.
La brújula apunta hacia el norte y hacia allá se
Despliegan las velas de esta carabela sin bandera
(él cree que no tiene patria y que no pertenece a ningún lado
No se dice desarraigado sino más bien desterrado)
Que incursiona en las aguas desconocidas
Que le hacen temer y hasta dudar de que él sea el capitán.
Cómo dirigir un barco solo, se pregunta, y que haré
Cuando venga una tormenta, se interroga, quién
Arrojará el ancla cuando yo esté con mis manos en el timón
Y quien izará las velas nuevamente cuando
El tifón haya hecho estragos en la embarcación.
Me voy a multiplicar, se dice, seré multifuncional
Pasaré de ser un ser disfuncional a ser multifuncional,
(ni él mismo se lo cree, no puede ser tan fácil).
No obstante lo intenta, prueba, examina
Todas las posibilidades, incluso la del naufragio
(hasta pensó en el palo mayor como escape
O como un último recurso: el suicidio).
Hay muchos frentes sobre los cuales actuar:
Las velas, el timón, las amarras, el ancla,
La cubierta y hasta el bergantín que como
Un falo semiótico se perfila hasta el infinito.
¿Solo en alta mar? ¿Solo en verdad?
¿De qué me voy a alimentar? ¿Qué voy a beber?
¿Y en las noches frías quién me dirá al oído te quiero?
¿Y cuando haga calor quién verá la desnudez de este
Cuerpo largo, blanco y desconsolado?
Muchas interrogantes y muchos frentes
En realidad mucho que hacer y poco qué responder.
Pero, he ahí el reto en sí. Ingeniarse por sí solo
La manera de enfrentar cada caso, de develar cada duda
De poner en el plano cartesiano de su ruta
El camino hacia la estrella de Orión, si fuera el caso,
O a una constelación que se identifique con su soledad.
La Osa Mayor, no, a lo mejor el cielo ese día
Esté encapotado y no haya azul, ni gris, solo agua
Arriba, abajo y por babor y por estribor.
Tal vez un día haya tanta agua que cada problema
Se ahogará y se hundirá en el fondo del mar.
Ay, la cosa no es tan fácil (se dice el capitán solito).
Ningún problema en esta vida tiene fácil solución,
Excepto el de la muerte, si es que la muerte
Es un problema, porque para muchos (incluido el capitán)
La muerte podría ser la verdadera solución a sus problemas.
Aunque pensándolo bien, no es hora de morir (o de matarse, se dice)
Es momento de levar el ancha, izar las velas, tomar el timón
Con firmeza y embestir el oleaje y apuntar hacia un objetivo
Que le permita no volver a ese puerto de pelícanos
Que parecían pañuelos despidiéndose entre la bruma.
Ni hablar de morir en el intento, ni de decir a manera de disculpa
es que hice todo lo que pude pero el barco se hundió
Y con él mi vida y mi fuerza de voluntad...
Eso sería de cobardes y de inútiles, tan inútiles
Como aquellos que esperan que sus problemas
Sean resueltos permaneciendo hincados,
con las manos juntas y los ojos cerrados.
¡Sí claro¡, espera a que Neptuno sosiegue las aguas
Deja que Zeus impulse el poder del viento,
Permanece inmóvil y deja que el canto de las sirenas
Te arrullen en la madrugada y que Morfeo
Te lleve a los confines del sueño maravilloso.
¡Por supuesto! Afrodita te hará el amor
Abandonará su divinidad para estar en tu lecho
Apreciará, sin duda, tu semen de simple mortal,
Y cantará alabanzas que se oigan por todo el Monte Olimpo
Anunciando el portento de tu falo cósmico.
Hasta el mismo Dionisio enfermará de envidia
Y desde el Panteón proclamará al décimo tercer dios
Que viaja solo un barco llamado soledad.
Apolo revelará su luz divina y el sol iluminará
Tu nefasto destino hasta llegar al clímax de tu alucinación.
Atracará un día el barco y sin más provisiones
Que la voluntad de instaurar frescos mundos
La avalancha de deidades y de sueños húmedos
Habrán quedado regazadas en una isla insólita,
Ese pasado que desde aquel puerto se despedía
Entre pañuelos y pelícanos de espuma gris
Será un magro recuerdo sin retorno, sin vuelta atrás,
Solo un porvenir de insospechadas vidas nuevas
Serán el torrente que alimente tu presente y tu futuro.
Qué sería del amor sin dolor
Qué sería de la alegría sin el pesar
Qué del encanto sin la angustia
Y qué de la ilusión sin la cruda verdad.
Contrapuestos van y vienen
Como por una avenida de doble vía
Unas veces para abajo y otras para arriba
Cruzándose en puntos muertos
O entre las calles vacías.
Así va hoy mi desamor solito
Sin contrapunto, sin rival,
Luchando contra la cruda verdad.
Hablé de puntos muertos
Y hoy es uno de ellos: falleció el amor
Y ahora reina la desilusión y el desencanto
¡Bienvenido a la dependencia emocional!
Pero es punto de partida, como el zarpar
De un puerto hacia la inmensidad del mar
De unas aguas antes turbulentas y frías
A otras pacíficas y cálidas...(eso espera al menos...)
Pero la oportunidad está viva, latente y fuerte
Esperando las órdenes de este capitán solitario
Que sin marineros y contramaestres
Agarra con sus manos aún temblorosas
El timón que lo llevará hacia no se sabe dónde
Y no se sabe cómo ni cuando llegará (o si llegará).
Tras la partida deja el pasado atrás (eso cree él)
Con un pañuelo blanco que se confunde con
Un pelícano en pleno vuelo su pasado
Le dice chao y no se sabe si derrama lágrimas
O es la estela de la espuma del mar
La que el pelícano deja caer sobre la borda.
También se despiden sus viejas amistades
Entre ellas obsesión, compulsión, ansiedad,
Falsedad, arrogancia, manipulación, hipocresía,
Y su compañera fiel (eso también lo cree) la irreverencia.
El barco se aleja del muelle y los pequeños pañuelos
Ahora son solo unos puntos pardos que se pierden
En lontananza del azul misterioso y el gris de la espuma
Que choca tercamente contra la roca de una despedida.
La brújula apunta hacia el norte y hacia allá se
Despliegan las velas de esta carabela sin bandera
(él cree que no tiene patria y que no pertenece a ningún lado
No se dice desarraigado sino más bien desterrado)
Que incursiona en las aguas desconocidas
Que le hacen temer y hasta dudar de que él sea el capitán.
Cómo dirigir un barco solo, se pregunta, y que haré
Cuando venga una tormenta, se interroga, quién
Arrojará el ancla cuando yo esté con mis manos en el timón
Y quien izará las velas nuevamente cuando
El tifón haya hecho estragos en la embarcación.
Me voy a multiplicar, se dice, seré multifuncional
Pasaré de ser un ser disfuncional a ser multifuncional,
(ni él mismo se lo cree, no puede ser tan fácil).
No obstante lo intenta, prueba, examina
Todas las posibilidades, incluso la del naufragio
(hasta pensó en el palo mayor como escape
O como un último recurso: el suicidio).
Hay muchos frentes sobre los cuales actuar:
Las velas, el timón, las amarras, el ancla,
La cubierta y hasta el bergantín que como
Un falo semiótico se perfila hasta el infinito.
¿Solo en alta mar? ¿Solo en verdad?
¿De qué me voy a alimentar? ¿Qué voy a beber?
¿Y en las noches frías quién me dirá al oído te quiero?
¿Y cuando haga calor quién verá la desnudez de este
Cuerpo largo, blanco y desconsolado?
Muchas interrogantes y muchos frentes
En realidad mucho que hacer y poco qué responder.
Pero, he ahí el reto en sí. Ingeniarse por sí solo
La manera de enfrentar cada caso, de develar cada duda
De poner en el plano cartesiano de su ruta
El camino hacia la estrella de Orión, si fuera el caso,
O a una constelación que se identifique con su soledad.
La Osa Mayor, no, a lo mejor el cielo ese día
Esté encapotado y no haya azul, ni gris, solo agua
Arriba, abajo y por babor y por estribor.
Tal vez un día haya tanta agua que cada problema
Se ahogará y se hundirá en el fondo del mar.
Ay, la cosa no es tan fácil (se dice el capitán solito).
Ningún problema en esta vida tiene fácil solución,
Excepto el de la muerte, si es que la muerte
Es un problema, porque para muchos (incluido el capitán)
La muerte podría ser la verdadera solución a sus problemas.
Aunque pensándolo bien, no es hora de morir (o de matarse, se dice)
Es momento de levar el ancha, izar las velas, tomar el timón
Con firmeza y embestir el oleaje y apuntar hacia un objetivo
Que le permita no volver a ese puerto de pelícanos
Que parecían pañuelos despidiéndose entre la bruma.
Ni hablar de morir en el intento, ni de decir a manera de disculpa
es que hice todo lo que pude pero el barco se hundió
Y con él mi vida y mi fuerza de voluntad...
Eso sería de cobardes y de inútiles, tan inútiles
Como aquellos que esperan que sus problemas
Sean resueltos permaneciendo hincados,
con las manos juntas y los ojos cerrados.
¡Sí claro¡, espera a que Neptuno sosiegue las aguas
Deja que Zeus impulse el poder del viento,
Permanece inmóvil y deja que el canto de las sirenas
Te arrullen en la madrugada y que Morfeo
Te lleve a los confines del sueño maravilloso.
¡Por supuesto! Afrodita te hará el amor
Abandonará su divinidad para estar en tu lecho
Apreciará, sin duda, tu semen de simple mortal,
Y cantará alabanzas que se oigan por todo el Monte Olimpo
Anunciando el portento de tu falo cósmico.
Hasta el mismo Dionisio enfermará de envidia
Y desde el Panteón proclamará al décimo tercer dios
Que viaja solo un barco llamado soledad.
Apolo revelará su luz divina y el sol iluminará
Tu nefasto destino hasta llegar al clímax de tu alucinación.
Atracará un día el barco y sin más provisiones
Que la voluntad de instaurar frescos mundos
La avalancha de deidades y de sueños húmedos
Habrán quedado regazadas en una isla insólita,
Ese pasado que desde aquel puerto se despedía
Entre pañuelos y pelícanos de espuma gris
Será un magro recuerdo sin retorno, sin vuelta atrás,
Solo un porvenir de insospechadas vidas nuevas
Serán el torrente que alimente tu presente y tu futuro.
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