Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Amarte no quisiera,
pero mi alma duele.
No es un dolor limpio,
es de esos que se quedan sentados en la orilla del día
mirando cómo pasa la vida sin pedir permiso.
Duele como duele lo inevitable,
como duele lo que no se puede devolver al silencio.
Amarte no quisiera
porque amarte es perderme un poco cada mañana,
es despertar con tu nombre atravesado en el pecho
como una astilla que nadie ve
pero sangra.
Yo sé que no debería,
que hay amores que son advertencias
y no promesas,
que tu ausencia futura ya camina conmigo
aunque aún estés.
Mi alma duele
porque te ama sin defensa,
sin estrategia,
sin dignidad incluso.
Te ama como aman los cansados,
los que ya no creen en milagros
pero igual los esperan.
Amarte no quisiera,
pero aquí estoy,
hablándole a la noche de ti,
negociando con Dios tu recuerdo,
mintiendo cuando digo que puedo soltarte.
No es drama.
Es verdad.
Es este dolor tranquilo,
hondo,
que no grita
pero no se va.
Y aun así —mira qué miseria—
si me preguntan,
diré que estoy bien.
pero mi alma duele.
No es un dolor limpio,
es de esos que se quedan sentados en la orilla del día
mirando cómo pasa la vida sin pedir permiso.
Duele como duele lo inevitable,
como duele lo que no se puede devolver al silencio.
Amarte no quisiera
porque amarte es perderme un poco cada mañana,
es despertar con tu nombre atravesado en el pecho
como una astilla que nadie ve
pero sangra.
Yo sé que no debería,
que hay amores que son advertencias
y no promesas,
que tu ausencia futura ya camina conmigo
aunque aún estés.
Mi alma duele
porque te ama sin defensa,
sin estrategia,
sin dignidad incluso.
Te ama como aman los cansados,
los que ya no creen en milagros
pero igual los esperan.
Amarte no quisiera,
pero aquí estoy,
hablándole a la noche de ti,
negociando con Dios tu recuerdo,
mintiendo cuando digo que puedo soltarte.
No es drama.
Es verdad.
Es este dolor tranquilo,
hondo,
que no grita
pero no se va.
Y aun así —mira qué miseria—
si me preguntan,
diré que estoy bien.