Teo Moran
Poeta fiel al portal
Larga es la jornada para los que siguen sombras
en los acantilados de un mar desalado,
en las planicies donde los animales de plástico
sobreviven alimentándose de la tristeza,
o eres parte o te unes a la indolente manada
para que el sentimiento atente más suave
y el recuerdo no te rompa el corazón.
A veces soy pájaro cantor trinando al cielo
orgulloso de la melodía que nace de su pecho,
observo aquellos esbozos grises que se alejan
uno a uno por el estrecho sendero de la vida,
sé que sus huellas serán brevemente forjadas
y como vinieron se irán borrando con el tiempo,
mas con mi pluma, trazo a trazo, pintaré sus rostros
algunos días cuando la tristeza inunde mi pecho
y el dolor atente contra el alma destilada,
esbozaré las líneas delgadas de su recuerdo
y sé que mi trino quedará velado en el cielo,
sus notas, como gotas de lluvia sobre el mundo
caerán sin remedio sobre los escombros
de aquellos que amé con el amor verdadero.
A veces soy hoja arrancada del almendro,
hoja seca que el viento arrastra por el firmamento
sin experiencia a la mortalidad del vuelo,
incapaz de dar sombra en la coral de los grillos,
ni un triste refugio en la desnudez del trigal,
aún así, no hay más muerte que el olvido
cuando el almendro verdea con sus hojas nuevas
y yo solo sea parte inerte en el cristalino lecho.
A veces soy amapola en el campo de trigo,
huésped perecedero en los labios de su boca,
una borboteante fuente bajo la sombra del nogal,
un fatídico instante donde el amor quema
y hace llaga en las comisuras de nuestra piel,
también, con el corazón totalmente renovado
aquellos besos se harán dueño de su latido
y la esperanza obtusa se hará ilusión,
entonces me daré cuenta que hay días de siembra,
estaciones donde el trigo sembrado germinará
y en el delirio de la melodía se hará la cosecha.
A veces te diré aunque tú ya no estés a mi lado,
hablaré con el esbozo de tu dulce recuerdo
de aquellos días cuando caímos del acantilado
y nos hundimos en el crepúsculo del mar,
como la piel, inflamada en nuestros labios
se tornó palabra viva en nuestra locura,
en la certidumbre de nuestros besos robados.
Hoy que hablo a tu recuerdo porque quiero,
porque estoy más cerca de oír tu voz
cuando pronunciabas mi nombre con tu acento,
quiero decirte, noctámbula llama incandescente,
hoy que el libro en blanco queda escrito,
que el trino de mi garganta lleva notas tristes,
hoy que el almendro me deja caer de su rama,
que moriré sin remedio sobre los escombros
de aquellos que como a ti, amé con el amor verdadero.