Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Amiga
usted no lo sabe
pero de vez en vez la encuentro en los pasillos
de mis sueños
y antes de acercarme a usted
la miro
y la miro desde lejos
es decir
la admiro
y lo hago así de lejos para no perturbarla
se ve usted tan bella resolviendo sus problemas
cavilando y cargando con los míos
-carajo que incorrecto soy en sueños-
pero se ve usted tan fuerte
tan de una pieza que cuando me dice hola cómo estás
le respondo sin consideración con mis problemas de humo
que me ahogan tanto
y sé que no lo sabe
aunque tal vez lo intuye
pero le quiero tanto que sin miramientos
me aprovecho y le acribillo con lo más íntimo de mí
que en estos tiempos no son caramelos
sólo es humo del que no se fuma
y usted tan bella
como espantando moscas
disipa la nube y me toma de la mano
y me dice con la ternura toda de la madre
aquí estoy
reposa tu cabeza en mi hombro
y se siente tan bella y me siento tan bien
y las moscas y el humo se disipan tanto
que me gustaría quedarme a vivir en ése sueño
pero usted enérgica
y yo tan párvulo
me mueve con el codo en las costillas
y me despierta
y de nuevo carga con todas mis broncas
me pone una luz en cada mano
y me arrea cual niño testarudo de nuevo al camino
entonces sé que usted sabe
que cuando duermo sueño en las cosas importantes de la vida
y por eso usted se queda tan quieta
tan serena conociendo todo lo que hay de mi
y no se inmuta
aun así
sigue de una pieza
decirle que soy bueno o malo sería absurdo aún en sueños
usted me conoce
y a pesar de todo y de mí mismo sigue a mi lado
por ello es que poco le hablo de lo bien que le hace usted a mí
a mi existencia
no sé si ha quedado claro amiga
espero que ahora usted sepa que cuenta conmigo
pues a menudo la encuentro en mis sueños
y ahora usted sabe en qué empeño ése tiempo
yo ahora entiendo sin dudas la razón que existe
de que a menudo me la encuentre en los pasillos
ahora sé que usted se queda quieta
no para que la mire
se queda quieta
para que me apoye en usted
y no resbale
para que no me caiga
y para que yo tan obstinado sepa de una vez por todas
cuanto cuento con usted
ahí en la vida que sed da en su hombro.
Due® 20.1.20
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