Amigo, espero que... R.I.P.

Old Soul

Poeta adicto al portal
Si te dije que te quería.
¿Por qué puta mierda
fuiste hasta aquel puente
para tirarte de cabeza?
Arrancándome así la sonrisa
de una vez, y para siempre.
Dime. ¿Qué mierda te había hecho yo
para que tu hermano pequeño
viniera corriendo a verme?
Con su cara pálida,
sudando y entre temblores,
con sus ojos cual dementes,
a decirme que te habías matado
tras desperdigar tus sesos
desde aquel puto puente.
Dime, si es que de alguna manera
aún me escuchas.
¿Qué te hicimos nosotros,
los que te queríamos vivo,
para que con todo el peso
de tu maldito egoísmo
saltaras desde ese puente
para reventarte al final contra el piso
y desarmarte entre viseras y sangre?
Sé que pregunto en balde
por dos cosas,
porque no creo que me escuches,
y porque sé la respuesta.
Y es que siempre fuiste un puto egoísta,
robando cervezas por las noches,
dejándolas fiadas,
haciendo que te las invitasen
por la puta cara.
Sólo eras tú, en tu vida,
sólo eras tú y ese dolor
que ambos compartíamos.
Ese dolor que ahora llevo yo solo
y que sólo tú entendías.
Ese dolor que,
después de tu cobarde huida,
ya a nadie comento
y me lo trago a escondidas.
¿Por qué? Si sabías que te querían,
por qué saltaste de aquel puente
aquel maldito día
que te despediste de todos,
de todos,
menos de mí
pues sabías
que hubiera reventado a golpes
tu puta cobardía.
¿Por qué?
¿Por qué caíste desde aquel puente?
Dime. ¡¿Por qué?!
Si siempre tuviste alas,
esas que nunca usaste...
Y que ahora yo trato de recordar
en esta pobre poesía,
en vano,
e inútilmente.
 
Creo que tienes razón, Francisco. Es una forma como otra cualquiera de mantener el absurdo, vivos a nuestros muertos. Aunque, puestos a hablar, yo hacía mucho tiempo que no recordaba al muerto del poema, ya hace más de un año que se mató. No éramos amigos, sólo compañeros de ciertas batallas que no vienen a cuento, vivencias que, por cojones, unen. Por lo que lo conocí bien. Pero sólo éramos eso, colegas. No le gustaba hablar conmigo de esa idea suya de quitarse la vida, pues con mis palabras siempre hacía que se avergonzase de sus pensamientos. Por lo que, acabadas las batallas, nos distanciamos. Pasé dos años sin saber de él, hasta que un día me comunicaron que el anterior se había quitado la vida. Mi fe, como la de él (aunque escribiendo esto ahora dudo si alguna vez la tuvo), no es cristiana. Pero su familia hizo una misa, así que acudí, y allí me encontré a muchos de aquellas batallas. Para nosotros su muerte no fue una tragedia, estamos acostumbrados. Así que todos nos fuimos de fiesta y celebramos con su ausencia. El poema, simplemente, es dado a que esta mañana, después de mucho tiempo, me acordé de él. Y pese a mi impostura, habida cuenta que del grupo sólo él y yo escribíamos, quise hacerle un pequeño y, cómo no, inútil homenaje.
 
Es la hora fatídica que lo marca el destino.
Sentidos versos de un trágico final.

Si te dije que te quería.
¿Por qué puta mierda
fuiste hasta aquel puente
para tirarte de cabeza?
Arrancándome así la sonrisa
de una vez, y para siempre.
Dime. ¿Qué mierda te había hecho yo
para que tu hermano pequeño
viniera corriendo a verme?
Con su cara pálida,
sudando y entre temblores,
con sus ojos cual dementes,
a decirme que te habías matado
tras desperdigar tus sesos
desde aquel puto puente.
Dime, si es que de alguna manera
aún me escuchas.
¿Qué te hicimos nosotros,
los que te queríamos vivo,
para que con todo el peso
de tu maldito egoísmo
saltaras desde ese puente
para reventarte al final contra el piso
y desarmarte entre viseras y sangre?
Sé que pregunto en balde
por dos cosas,
porque no creo que me escuches,
y porque sé la respuesta.
Y es que siempre fuiste un puto egoísta,
robando cervezas por las noches,
dejándolas fiadas,
haciendo que te las invitasen
por la puta cara.
Sólo eras tú, en tu vida,
sólo eras tú y ese dolor
que ambos compartíamos.
Ese dolor que ahora llevo yo solo
y que sólo tú entendías.
Ese dolor que,
después de tu cobarde huida,
ya a nadie comento
y me lo trago a escondidas.
¿Por qué? Si sabías que te querían,
por qué saltaste de aquel puente
aquel maldito día
que te despediste de todos,
de todos,
menos de mí
pues sabías
que hubiera reventado a golpes
tu puta cobardía.
¿Por qué?
¿Por qué caíste desde aquel puente?
Dime. ¡¿Por qué?!
Si siempre tuviste alas,
esas que nunca usaste...
Y que ahora yo trato de recordar
en esta pobre poesía,
en vano,
e inútilmente.
 
Creo que tienes razón, Francisco. Es una forma como otra cualquiera de mantener el absurdo, vivos a nuestros muertos. Aunque, puestos a hablar, yo hacía mucho tiempo que no recordaba al muerto del poema, ya hace más de un año que se mató. No éramos amigos, sólo compañeros de ciertas batallas que no vienen a cuento, vivencias que, por cojones, unen. Por lo que lo conocí bien. Pero sólo éramos eso, colegas. No le gustaba hablar conmigo de esa idea suya de quitarse la vida, pues con mis palabras siempre hacía que se avergonzase de sus pensamientos. Por lo que, acabadas las batallas, nos distanciamos. Pasé dos años sin saber de él, hasta que un día me comunicaron que el anterior se había quitado la vida. Mi fe, como la de él (aunque escribiendo esto ahora dudo si alguna vez la tuvo), no es cristiana. Pero su familia hizo una misa, así que acudí, y allí me encontré a muchos de aquellas batallas. Para nosotros su muerte no fue una tragedia, estamos acostumbrados. Así que todos nos fuimos de fiesta y celebramos con su ausencia. El poema, simplemente, es dado a que esta mañana, después de mucho tiempo, me acordé de él. Y pese a mi impostura, habida cuenta que del grupo sólo él y yo escribíamos, quise hacerle un pequeño y, cómo no, inútil homenaje.

te agradezco la explicación, una vez más se confirma que cada cabeza es un mundo y cada uqien es el único que siente su infierno particular

un abrazo fuete
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba