Hortencia
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amo el perfume de los aromos,
la mirada creíble,
la palabra que aguardo,
el valor de lo imposible.
Amo lo puro, lo noble y justo;
la inspiración del poeta,
en el azar de lo marginado
y su palabra profeta.
Sus latidos que inquietan,
su corazón desbocado,
su sensibilidad alerta,
su mano tendida.
Amo a mi niña interna, perdida,
con su hojita de cuatro hojas,
sus destellos alegres y su sonrisa,
estruendosa.
Amo a la mujer que despierta,
dispuesta a la ofrenda,
a la que corea en las noches,
a la que se desmuere,
pariendo amaneceres.
la mirada creíble,
la palabra que aguardo,
el valor de lo imposible.
Amo lo puro, lo noble y justo;
la inspiración del poeta,
en el azar de lo marginado
y su palabra profeta.
Sus latidos que inquietan,
su corazón desbocado,
su sensibilidad alerta,
su mano tendida.
Amo a mi niña interna, perdida,
con su hojita de cuatro hojas,
sus destellos alegres y su sonrisa,
estruendosa.
Amo a la mujer que despierta,
dispuesta a la ofrenda,
a la que corea en las noches,
a la que se desmuere,
pariendo amaneceres.
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