adolfo vilatte l.
Poeta recién llegado
¡AMO!
Amo la luz del Sol, cuando risueña,
acaricia las rosas purpurinas,
cuando temblando entre celajes leves
le da el fulgor de refulgentes prismas.
Amo el canto gravísimo del ave
que saluda a la aurora con sus trinos.
A los naranjos cargados de azahares
y al pámpano adornado de racimos.
Amo el silencio de la noche en calma
cuando rielan las pálidas estrellas,
y sin temor se besan los amantes
contándose sus dichas y sus penas.
Amo la luz que muere en el ocaso,
como un adiós en lánguido suspiro;
y que sonriendo aún en su agonía
juega en la copa altiva de los tilos.
Amo el blancor astral de las magnolias,
el divino rubí de los claveles,
el raro color del crisantemo
y del lirio los pétalos de nieve.
Amo el misterio de tupidas frondas
para soñar allí con mi esperanza,
para mezclar mi canto al de las aves
y unir a sus preludios los de mi arpa.
Amo mi choza en medio de los bosques
lejos del ruido y lejos de los hombres,
no llega allí la voz de la mentira,
ni el eco engañador de los honores.
Allí una flor más bella que las flores,
me alienta y me da vida con su aroma,
con sus besos disipa mis pesares,
y amante endulza con su amor mis horas.
......................................................
Adolfo Vilatte Lavigne (publicado por Mariano.D.)
Amo la luz del Sol, cuando risueña,
acaricia las rosas purpurinas,
cuando temblando entre celajes leves
le da el fulgor de refulgentes prismas.
Amo el canto gravísimo del ave
que saluda a la aurora con sus trinos.
A los naranjos cargados de azahares
y al pámpano adornado de racimos.
Amo el silencio de la noche en calma
cuando rielan las pálidas estrellas,
y sin temor se besan los amantes
contándose sus dichas y sus penas.
Amo la luz que muere en el ocaso,
como un adiós en lánguido suspiro;
y que sonriendo aún en su agonía
juega en la copa altiva de los tilos.
Amo el blancor astral de las magnolias,
el divino rubí de los claveles,
el raro color del crisantemo
y del lirio los pétalos de nieve.
Amo el misterio de tupidas frondas
para soñar allí con mi esperanza,
para mezclar mi canto al de las aves
y unir a sus preludios los de mi arpa.
Amo mi choza en medio de los bosques
lejos del ruido y lejos de los hombres,
no llega allí la voz de la mentira,
ni el eco engañador de los honores.
Allí una flor más bella que las flores,
me alienta y me da vida con su aroma,
con sus besos disipa mis pesares,
y amante endulza con su amor mis horas.
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Adolfo Vilatte Lavigne (publicado por Mariano.D.)
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