¡Oh!divino amor ardiente,que en noches insomnes de vapor veraniego,inclinas tu delicada cerviz hacia el huerto luminoso de plateados jazmines en flor.Esperas a tu afeminado amante,coronado con la parra vinícola que le da ese toque de numen nocturno y celestial.Pero él tarda en llegar.Y mientras,vas desgranando granos de dorado trigo,mirando con tus inmensos ojos de estanque azulado,cómo caen al suelo terrícola que aúlla de complacencia por semillas que fermentar.La obscuridad se diluyó,y una alborada de beso incandescente penetra en tu corazón solitario.Pero no por mucho tiempo.Ya llega el objeto de tus febriles deseos.Dispuesto aunque sea a inmolarse en la pira inquisitorial de los pecados vanos con tal de ser tuyo.Pues el ha hecho un fehaciente juramento.Penetrar con saña tu rosácea carne de inalcanzable amazona.