Oculta en las sombras, llora amargamente la realidad. No disfruta de la vida, pero la vive con bondad.
Sólo ve las sobras del amor que sintió antaño y cubre con su maquillaje la prueba del mismo amor que ahora le hace daño...
Reza cada vez que él levanta la mano, para que ese puño se convierta en una caricia, un gesto de cariño lozano
La humillación le pesa en el alma, pero no le es suficiente para perder la calma...
Sin entender siquiera la razón, espera taciturna a que su amado cambie y le entregue, de nuevo, el corazón...