En el otoño
“el amor de hombre” morado
que crece en mi ventana,
llora en licencio
cuando comienza la Aurora
uniéndose con mi oración de silencio,
de alegría y calma,
y brotan en mis ojos
pequeñas lagrimas.
Ya mis mañanas
no me hieren el pecho,
son suaves y aladas,
me vuelven a la vida
susurrándome
entre las macetas de la terraza.
“el amor de hombre” morado
que crece en mi ventana,
llora en licencio
cuando comienza la Aurora
uniéndose con mi oración de silencio,
de alegría y calma,
y brotan en mis ojos
pequeñas lagrimas.
Ya mis mañanas
no me hieren el pecho,
son suaves y aladas,
me vuelven a la vida
susurrándome
entre las macetas de la terraza.