¡Que se haga el silencio!
Para escuchar tu respiración,
como gotea el sentimiento
desde lo más hondo de la creación.
¡Que se haga la oscuridad!
Para reptar por tu alcoba,
con garras de beso y metal
despertar en ti a la Loba.
¡Que se haga el bramido!
Donde se profanan tus secretos
del placer de dioses, prohibido,
haciendo nuevas alusiones y vetos.
¡Que se haga el despertar!
Cuando se reconoce el asentimiento,
que permanecía en su lugar
esperando lengüetadas de rabia y aliento.