Amor de madre

dulcinista

Poeta veterano en el Portal
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación se oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012

 
Última edición:
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación de oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012

Preciosas letras nos dejas en tu prosa Eladio, ciertamente el amor no es solo el físico, sino lo que se lleva en el corazón, y por los hijos se puede llegar a hacer cualquier cosa. Me ha encantado tu relato amigo, te dejo todas las estrellas para tu distinguida, no me deja esta máquina darte más pero lo mereces, un abrazo y un beso de todo corazón para ti. Tere
 
Cierto,... el amor de una madre (las de verdad, no las desnaturalizadas...) no tiene fronteras. No existe otro amor igual, es de las poquitas cosas que puedo afirmar con rotundidad en esta vida.
Hermoso relato el que nos regalas
Estrellas a tu inspiración
Eva
 
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación de oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012

Muy buena prosa amigo Eladio, la sensibilidad desborda en las letras, el amor todo los puede y supera, y él ha demostrado un gran amor lo mismo que ella, pues una madre lo da todo por los hijos, todo, ha sido un gran placer leer esta bella inspiración, como siempre, mantienes el listón muy alto amigo, tus prosa son muy buenas de leer, gracias por compartirla, abrazos y estrellas por no poder dar más.
 
WoW! Eladio, que finura, esta genial, completo , tiene todo lo que debe tenr un relato. me encantó.

y te dejo muchos aplausos.
 
Hoy me quedo en tu prosa querido amigo, hermo poder leerte
gracias por compartir tu inspiración.
Todas las estrellas y un abrazo desde el corazón.
 
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación se oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012




Dulcinista
una historia en donde el deseo cambia en amor
hay actos sublimes que nos incitan a crecer
la he leído varias veces, y realmente ha sido un deleite
Te felicito
Cariños
Ana
 
Queda latente aquí el verdadero amor.
Ese que nace de lo más hondo del alma.
Porque todo pasa, la belleza se marchita y queda la verdadera esencia del corazón.
Un beso.
 
Bueno,poeta,se me erizó la piel,no imaginé la situación,ni mucho menos el desenlace,por un momento creí que la íba a rechazar y su lágrimas serían más egoístas que amorosas.
Todo un lujo recibir estas interesantes imágenes que nos regalas.
Un beso,mi querido amigo.
 
bravisimo!!! un placer leerle y aplaudirle, un abrazo fuerte.
 
Que precioso relato Eladio. Así es el amor, lo que lo derrama, no es solo lo físico. Me encantó, te dejo todo lo que el sistema acepte, y un abrazo desde el corazón
 
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación se oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012


Precioso relato, del amor de ambos, en un contraste de deseo y dolor,... desea el hombre a su mujer esperada para saciar el ferviente llamado de la testosterona, pero una linea de silencio y asombro lo separan de la realidad, sumergiendolos en ella para un desenlace bizarro pero con una metaforica mirada al amor incondicional de una madre que todo lo da! y se pudiera interpretar el final de dos maneras, el deseo ciego de un hombre buscando saciar sus instintos. o la admiracion sin limites que hace duplicar el amor entre seres! Magnifica amigo del alma, abrazos sinceros Eladio!
 
En el fondo tienes corazón. Buen relato con inesperado final enalteciendo el amor como sentimiento que supera. Lo que no se es lo que pensaría después a solas el pobre hombre, cuanto menos un poquito de pena por aquello que no está. Muy hermoso amigo. Un abrazo cálido.
 
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación se oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012



Tremendo relato amigo, el amor de una madre es capaz de cualquier cosa y lo describes de una manera terrible. Un palcer siempre acercarme a tus letras Eladio, hoy contundentes de verdad.
Abrazos poeta.
 
Una historia genial amigo Dulcinista, muy buena distinción del amor y la pasión. Y el amor de madre que se sabe da su vida si es necesario. Me descubro y aplaudo de pie, ante tu creatividad y narrativa, amen de la originalidad. Un abrazo Eladio y universos a tu pluma
 
Última edición:
Un enorme relato, Eladio, con un final increiblemente hermoso. Un verdadero himno al más puro y verdadero cariño.
El sistema lejos de entender de calidad literaria, sigue negandose a ofrecerte ruputación; te dejo toda mi aqdmiración y estima.
Un cálido abrazo.
 
Que hermoso y emotivo!!,que por encima de la superficialidad del físico prime el verdadero amor.
Muy grato leer una historia que deja un sabor dulce en el alma.
 
Dura lección da la vida.

Me hiciste pensar en Jeremias 19:9
Y ciertamente haré que coman la carne de sus hijos y la carne de sus hijas; y comerán cada cual la carne de su semejante, a causa de la estrechez y a causa de la tensión con la que los cercarán sus enemigos y los que buscan su alma.”’

Buenas líneas Eladio. Gracias por compartirlas.

Un abrazo.
 
bueno yo diria : es que una mujer no solo son dos lindos pechos es mucho mas y lo dejas muy claro en tu relato ...y aveces el deseo se convierte en amor como el amor en deseo pero que lindo es cuando se despiertan juntos los dos(el amor y el deseo)un placer leerte Eladio :::hug:::bella tu historia muy bien contada :)
 
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación se oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012




Precioso y emocionante relato, dulci, no se puede esperar menos de tu magnifica inspiración amigo, muy bella y emotiva entrega, saludos y abrazotes con cariño desde mi rincón de mar para ti, Naty
 
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación se oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012



Buena metáfora Eladio
la que cuentas en tu prosa,
ya que se pasa de hermosa
por las palabras de un sabio,
más sin despegar un labio
una madre es una rosa.

Un abrazo desde La Macha de:
joanmoypra
 
Joer ¡Qué crudo! Parece el guión de una película de terror surrealista... o de un delirio de Poe. En todo caso, hay amor infinito en tu historia. Un abrazo. Chu.
 
Amigo Eladio, no tengo palabras para agardecerte este relato. Es la más hermosa manifestación de amor sobre la tierra, la de una madre que es capaz de dar todo lo que tiene por sus hijos. Gracias una vez más por este hermoso sentir que me llega hasta la última fibra. Un abrazo lleno de estrellas.
 
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Hablaba mucho de su mujer con los compañeros de celda y les enseñaba fotografías de ella: la que más les gustaba era una en la que aparecía con un traje de baño blanco en la playa. Mirarla era un disfrute para los sentidos y un reto para la imaginación de aquellos hombres deseosos de un cuerpo femenino y anhelantes de una noche de deseo y pasión.
Ese día su mujer iría a visitarlo. Era la primera vez desde que estaba en la cárcel que harían el amor. La deseaba, aunque nunca la había amado; cuando pensaba en ella tan sólo imaginaba su cuerpo, esos miembros que volvían locos a los hombres cuando la miraban.
Lo llamaron. Su mujer lo esperaba en el cuarto acondicionado para el encuentro amoroso. Nada más verla sintió hervir su sangre. La besó con un beso que era fuego y la desnudó con unas manos temblorosas pero decididas. Vio con asombro que donde debían estar los pechos tan solo había dos cicatrices. Los senos habían desaparecido. Se quedó mudo, sin saber qué decir.
-Se los ha comido el niño, tuve que dárselos para que no se muriese de hambre- explicó ella.
A los ojos de él asomaron las lágrimas y sintió en el corazón una mezcla de tristeza y amor.
-¿Ya no me deseas al no tener senos?- preguntó ella.
-Ahora además de desearte te amo- contestó él con una voz entrecortada por la emoción.
Se tumbaron en la cama. En el silencio de la habitación se oyó el trinar de un pajarillo, aunque los amantes no lo oyeron.

Eladio Parreño Elías

11-Junio-2012



Querido Eladio, ha escrito usted algo maravilloso, su escrito habla por si mismo, de un gran amor, el amor de una madre que no le importa darse así misma, por su hijo, tanto como el amor de un hombre que sabe reconocer su grandeza de mujer. hermoso dulce poeta, es un amor ágape. gracias y reputación a su generosa pluma, y para usted un beso y mi admiración.
 
epa, eladio con esos escritos bonitos, te vamos a regalar un trofeo o un diploma, amigo, tu escrita hace levantar los vellos del cuerpo, ya te doy nota 10, bien redactado, felicidades, cuando hagas otros, puedes mandármelo.u
un abrazo desde brasil para españa
tu amigo gonzalo perez
 

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