¡Oh!,mi dulce y amoroso ángel de bienhechora ternura,cuando te contemplo rodeado de ese nimbo esmaltado de reluciente frescura,mis ojos primaverales se extasían de gozo y gracia ante tu beso amoroso de radiante alborada pálida,exenta de brumas malévolas que puedan volver opaco nuestro eternal amor divino.Tu fragancia penetra como una tromba de sal marina en mi fornido pecho de héroe homérico.Y te devuelvo la gracia con un fugaz beso,cuyo aire silencioso se lleva la esencia inmortal ante ti,amor sereno y calmo que ya reinas en el cenit de un estío que despunta espigas sagradas con las que quieres compartir,complaciente y dichosa,ese momento fugitivo que se alza como un mausoleo en dichosas glorias que no perderán su poderosa fuerza;cuando el crescendo del amado crepúsculo repercuta en las laderas vegetales de las altivas montañas y en el lazo ígneo que une por siempre nuestros dichosos e inconmensurables corazones de secular esplendor.
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