susoermida
Poeta recién llegado
Vi tus ojos descender por los
anchos valles de la sonrisa,
buscando quizás el origen
del beso y de la palabra.
Tantos versos tuve discípulos del aire
que atenazaba mi garganta
que no me quedaron soles ni lapidas
para sellar la ocasión.
Te vi sentada con las columnas
de tu cuerpo cruzadas en guerrera intención
y bélico descaro.
Y contemple la feria de tu belleza:
tus piernas bajaban como gotas
del cenicero del deseo
dejando atrás lo rotundo,
convirtiéndose así en abalorios
de visión y conjetura.
Y adiviné la fiesta, adiviné
la entrega que podía tener
la fuerza de tu cintura.
anchos valles de la sonrisa,
buscando quizás el origen
del beso y de la palabra.
Tantos versos tuve discípulos del aire
que atenazaba mi garganta
que no me quedaron soles ni lapidas
para sellar la ocasión.
Te vi sentada con las columnas
de tu cuerpo cruzadas en guerrera intención
y bélico descaro.
Y contemple la feria de tu belleza:
tus piernas bajaban como gotas
del cenicero del deseo
dejando atrás lo rotundo,
convirtiéndose así en abalorios
de visión y conjetura.
Y adiviné la fiesta, adiviné
la entrega que podía tener
la fuerza de tu cintura.