G
Gustavo Cervantes
Invitado
Era tan bonita y tan delicada que me inspiraba mucha ternura.
En esa edad donde los corazones sueñan con mundos fantásticos,
y donde las alas de la imaginacion se extienden altas...
Con su piel morena y con su pelo largo, con unos ojos soñadores
y con su voz suave y amable, me enamoraba cada vez que la miraba.
Caminaba Lupita por la avenida regresando a su casa de la secundaria
y yo me paraba en la esquina del parque a esperarla...eso le gustaba,
ella me miraba y sonreía...eso me gustaba. Yo le acompañaba a veces
y le platicaba cosas mías y ella me platicaba de sus fantasías. Era muy
romántica y le gustaba escribir poemas y le gustaba soñar y con sus
palabras dulces me hacía soñar y yo la adoraba...ella solo sonreía.
A veces ibamos juntos, aveces iba con otros; yo creo que me quería
pero no me decía y yo tampoco le decía que la quería.
Muchas veces sentí celos cuando la miraba platicando con otro
y a veces nos ignoramos por varios días. Nuestros amigos pensaban cosas
y las platicaban, pero la verdad era que entre nosotros no había nada,
aunque a mí me hubiera gustado mucho poder estrechar a Lupita entre
mis brazos y decirle esas cosas románticas que ella solo soñaba.
Eramos jovenes y no sabíamos lo que queríamos decían mis padres
y sus padres, aunque secretamente yo la deseaba como un loco y si
hubiera podido a ese tiempo, la hubiera raptado llevándomela lejos.
Pero la vida me la ganó y se la llevó lejos de mí a otra escuela;
a mí la vida me amarró a un trabajo en una tienda y nunca me fui.
Cuando estábamos separados por el tiempo, nos escribimos cartas,
diciendo cuanto nos extrañábamos y que cuando regresara
estaríamos juntos todo el tiempo. Y yo quería decirle que la adoraba
y que la esperaría siempre, pero solo le decía que queria que triunfara
allá donde estaba y que regresara orgullosa a su casa...a nuestra casa.
A esa casa hermosa que yo construí soñando en nuestro encuentro.
Pero a ella la vida se la llevó lejos, mientras yo me pasé la vida trabajando,
plantando sueños y cosechando soledades.
Amor platónico estancado en el tiempo, amor de dos enamorados
que de pequeños fueron dueños de su propio cielo y que al estar lejos
se perdieron entre los recuerdos de bellos poemas y dulces sueños...
Lupita nunca regresó al pueblo, pero a veces todavía recibo una postal
por correo y yo la pongo ahí junto con las otras cosas. Las fotos,
los poemas, su voz... y su recuerdo.
En esa edad donde los corazones sueñan con mundos fantásticos,
y donde las alas de la imaginacion se extienden altas...
Con su piel morena y con su pelo largo, con unos ojos soñadores
y con su voz suave y amable, me enamoraba cada vez que la miraba.
Caminaba Lupita por la avenida regresando a su casa de la secundaria
y yo me paraba en la esquina del parque a esperarla...eso le gustaba,
ella me miraba y sonreía...eso me gustaba. Yo le acompañaba a veces
y le platicaba cosas mías y ella me platicaba de sus fantasías. Era muy
romántica y le gustaba escribir poemas y le gustaba soñar y con sus
palabras dulces me hacía soñar y yo la adoraba...ella solo sonreía.
A veces ibamos juntos, aveces iba con otros; yo creo que me quería
pero no me decía y yo tampoco le decía que la quería.
Muchas veces sentí celos cuando la miraba platicando con otro
y a veces nos ignoramos por varios días. Nuestros amigos pensaban cosas
y las platicaban, pero la verdad era que entre nosotros no había nada,
aunque a mí me hubiera gustado mucho poder estrechar a Lupita entre
mis brazos y decirle esas cosas románticas que ella solo soñaba.
Eramos jovenes y no sabíamos lo que queríamos decían mis padres
y sus padres, aunque secretamente yo la deseaba como un loco y si
hubiera podido a ese tiempo, la hubiera raptado llevándomela lejos.
Pero la vida me la ganó y se la llevó lejos de mí a otra escuela;
a mí la vida me amarró a un trabajo en una tienda y nunca me fui.
Cuando estábamos separados por el tiempo, nos escribimos cartas,
diciendo cuanto nos extrañábamos y que cuando regresara
estaríamos juntos todo el tiempo. Y yo quería decirle que la adoraba
y que la esperaría siempre, pero solo le decía que queria que triunfara
allá donde estaba y que regresara orgullosa a su casa...a nuestra casa.
A esa casa hermosa que yo construí soñando en nuestro encuentro.
Pero a ella la vida se la llevó lejos, mientras yo me pasé la vida trabajando,
plantando sueños y cosechando soledades.
Amor platónico estancado en el tiempo, amor de dos enamorados
que de pequeños fueron dueños de su propio cielo y que al estar lejos
se perdieron entre los recuerdos de bellos poemas y dulces sueños...
Lupita nunca regresó al pueblo, pero a veces todavía recibo una postal
por correo y yo la pongo ahí junto con las otras cosas. Las fotos,
los poemas, su voz... y su recuerdo.