Quise mentir que no la amaba;
pero cómo iba a negarle mis espigas
si las alzaba con tan puro gesto.
Cómo iba a temer sus años, si le daba
toda su juventud a mi deseo.
Viaj[FONT="]ábamos por la rutas de sus venas
y mis venas. Y fingíamos que era
la primera vez que nos vivíamos.
Yo, acariciando su piel de pan,
y ella, jugando con los pocos vellos
de mi pecho. Hasta que llegaba el fuego,
y nos amábamos con locura
en nuestro bosque: aquel nido
que nadie conocía.
Hoy extraño su regazo,
donde acurrucaba mi cabeza
y escuchaba la Luna cantando
lánguida por los senderos.
También echo de menos la brizna
de hierba entre los dientes
y nuestros silencios mirando al cielo,
así: fuera del tiempo.
¡Ay, adolescencia, te marchaste!
Ella tenía un nombre; pero lo he olvidado.
Sólo me quedan sus ojos azules
como recuerdo de aquel cándido
y porfiado amor primero.
pero cómo iba a negarle mis espigas
si las alzaba con tan puro gesto.
Cómo iba a temer sus años, si le daba
toda su juventud a mi deseo.
Viaj[FONT="]ábamos por la rutas de sus venas
y mis venas. Y fingíamos que era
la primera vez que nos vivíamos.
Yo, acariciando su piel de pan,
y ella, jugando con los pocos vellos
de mi pecho. Hasta que llegaba el fuego,
y nos amábamos con locura
en nuestro bosque: aquel nido
que nadie conocía.
Hoy extraño su regazo,
donde acurrucaba mi cabeza
y escuchaba la Luna cantando
lánguida por los senderos.
También echo de menos la brizna
de hierba entre los dientes
y nuestros silencios mirando al cielo,
así: fuera del tiempo.
¡Ay, adolescencia, te marchaste!
Ella tenía un nombre; pero lo he olvidado.
Sólo me quedan sus ojos azules
como recuerdo de aquel cándido
y porfiado amor primero.
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