josepanton
Poeta recién llegado
Amor, venimos de una ciudad perdida y ajena,
donde las calles se computan por escalas duras;
pudimos ser felices, y ,sin embargo,
nuestra casa se pobló de miel oscura.
Una ráfaga de sal manchó tu pelo;
dos lunares inauditos brotaron en mi cara.
Era el cansancio del trabajo, trabajando en mì rostro.
A veces, la pobreza giró por rincones entorpecidos de sombras.
Y cuando me dispuse a tocar tu cabellera.
El tiempo nos atrapó en sus poleas salvajes.
¡Y allí , el amor, no pudo soportar tamaño movimiento!
Amor, venimos de una ciudad perdida y ajena.
Ahora, sólo somos, serás, y seremos sometidos:
al mandato vacilante y atroz de la costumbre.
donde las calles se computan por escalas duras;
pudimos ser felices, y ,sin embargo,
nuestra casa se pobló de miel oscura.
Una ráfaga de sal manchó tu pelo;
dos lunares inauditos brotaron en mi cara.
Era el cansancio del trabajo, trabajando en mì rostro.
A veces, la pobreza giró por rincones entorpecidos de sombras.
Y cuando me dispuse a tocar tu cabellera.
El tiempo nos atrapó en sus poleas salvajes.
¡Y allí , el amor, no pudo soportar tamaño movimiento!
Amor, venimos de una ciudad perdida y ajena.
Ahora, sólo somos, serás, y seremos sometidos:
al mandato vacilante y atroz de la costumbre.
Última edición: