Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Deliciosos amores, los perdidos,
aquellos, sí que fueron envidiables
y pasaban por ser interminables
mas, eran, por imberbes, no entendidos.
Los que una y otra vez son aludidos
en charlas de salón por agradables
y en muchas ocasiones deseables
a tenor del presente y los fallidos.
Esos que en pos de hallar otros amores
resultaron heridos por la vida
y causaron recelos y temores
en muchos corazones sin cabida.
¡Qué tiempo, qué nostalgia en primavera
sin zozobras ni trabas, ¡qué quimera!
aquellos, sí que fueron envidiables
y pasaban por ser interminables
mas, eran, por imberbes, no entendidos.
Los que una y otra vez son aludidos
en charlas de salón por agradables
y en muchas ocasiones deseables
a tenor del presente y los fallidos.
Esos que en pos de hallar otros amores
resultaron heridos por la vida
y causaron recelos y temores
en muchos corazones sin cabida.
¡Qué tiempo, qué nostalgia en primavera
sin zozobras ni trabas, ¡qué quimera!