Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
AMORES IDOS...
La arena del reloj que cae indiferente
agota grano a grano el tiempo de mi vida,
y me acerca sin pausas a la hoz de la muerte:
¡No importa y sigo! Ya no duelen las heridas.
Y el incensario que recordaba dolientes
homenajes a los hondos e idos amores
teñidos en la miel del ansia adolescente,
con sus dulzones y narcóticos vapores
Hace años es un bajel preso en la botella
que ya no busca las utópicas américas.
Hoy es mi guía la boreal estrella
Y voy por la vida, sordo a las quiméricas
y falsas voces del pasado, aunque bellas.
Descansen ya en la paz, ansias pretéritas .
Eduardo Morguenstern
La arena del reloj que cae indiferente
agota grano a grano el tiempo de mi vida,
y me acerca sin pausas a la hoz de la muerte:
¡No importa y sigo! Ya no duelen las heridas.
Y el incensario que recordaba dolientes
homenajes a los hondos e idos amores
teñidos en la miel del ansia adolescente,
con sus dulzones y narcóticos vapores
Hace años es un bajel preso en la botella
que ya no busca las utópicas américas.
Hoy es mi guía la boreal estrella
Y voy por la vida, sordo a las quiméricas
y falsas voces del pasado, aunque bellas.
Descansen ya en la paz, ansias pretéritas .
Eduardo Morguenstern
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