Frankos Roda
Poeta recién llegado
Las prendas muselinas de alta gama
resaltan en su cuerpo garbo y gusto,
dejando ver su piel solo lo justo
y el resto queda oculto en amalgama.
El pecho en sobresaltos se le inflama
por culpa de una escena de disgusto,
un perro a su perrita le da un susto,
subiéndose a su lomo se encarama.
¡El amo del pit-bull…!, un grito, breve,
incita controlar a su mascota;
él, ¡pobre!, ensimismado... idiota...,
murmura en su interior, ¡Hermoso llueve!
Prendido de su voz lo grave, leve,
aturde de candor en dulce sueño...
¡Imbécil! ¿Es el dueño...?
El grito le despierta ¡Que está en celo!
En nudo los amantes... ¡Ven el cielo!
resaltan en su cuerpo garbo y gusto,
dejando ver su piel solo lo justo
y el resto queda oculto en amalgama.
El pecho en sobresaltos se le inflama
por culpa de una escena de disgusto,
un perro a su perrita le da un susto,
subiéndose a su lomo se encarama.
¡El amo del pit-bull…!, un grito, breve,
incita controlar a su mascota;
él, ¡pobre!, ensimismado... idiota...,
murmura en su interior, ¡Hermoso llueve!
Prendido de su voz lo grave, leve,
aturde de candor en dulce sueño...
¡Imbécil! ¿Es el dueño...?
El grito le despierta ¡Que está en celo!
En nudo los amantes... ¡Ven el cielo!
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