Mike M.Ch.
Poeta fiel al portal
Podría pasar mil días,
en aquel nicho celestial,
haciéndole compañía
engalanando su altar.
No lo podía creer,
ella este ahí a mi lado,
el tacto de su piel,
terciopelo perfumado.
Estaríamos juntos los dos,
después de tanta espera,
adorar la creación de dios,
en sus formas perfectas.
Nuestra respiración ansiosa,
como aquel sueño recurrente.
el sonido al caer rasgada ropa,
tropezando por al fin tenerle.
Igual a escena de romance,
envueltos en intenso abrazo,
veríamos caer dicha tarde,
aun con miel en los labios.
Beber de su cuerpo,
el agua inmaculada,
y admirar en silencio,
su desnuda espalda.
Estaríamos juntos al fin,
sin ninguna prohibición,
abrazarla para no dejarla ir,
besarla callando aquel adiós.
Tanto dolor se mitiga,
y aminora la distancia,
su mano suelta la mía,
y se unen nuestra almas.
Liquido de sus venas,
el miedo en la mirada,
ya nunca más será ajena,
solo para siempre mi Ana...
en aquel nicho celestial,
haciéndole compañía
engalanando su altar.
No lo podía creer,
ella este ahí a mi lado,
el tacto de su piel,
terciopelo perfumado.
Estaríamos juntos los dos,
después de tanta espera,
adorar la creación de dios,
en sus formas perfectas.
Nuestra respiración ansiosa,
como aquel sueño recurrente.
el sonido al caer rasgada ropa,
tropezando por al fin tenerle.
Igual a escena de romance,
envueltos en intenso abrazo,
veríamos caer dicha tarde,
aun con miel en los labios.
Beber de su cuerpo,
el agua inmaculada,
y admirar en silencio,
su desnuda espalda.
Estaríamos juntos al fin,
sin ninguna prohibición,
abrazarla para no dejarla ir,
besarla callando aquel adiós.
Tanto dolor se mitiga,
y aminora la distancia,
su mano suelta la mía,
y se unen nuestra almas.
Liquido de sus venas,
el miedo en la mirada,
ya nunca más será ajena,
solo para siempre mi Ana...