Anatema.

Roman Vieira

El cuervo rojo que te observa en silencio.
Anatema.

I.
Aquellos que buscan en la piel​
el abrigo de lo santo,​
no encontrarán sino el lamento​
de una desnudez forzada en vano.

La sangre espesa no se compara
(Jamás)
con aquella mancha que deja​
la suciedad de las mil noches.​
El llanto de los condenados.

II.

Mi cuerpo no evoca las fauces​
de aquellos cuerpos sombríos​
que urgidos de un mordisco…​
Desgarren mis alas, me atrapen.

Tiembla mi halo bajo el peso​
de un mundo henchido de sombras,​
de sangre seca en el pecho y en las venas…​
Corriendo a raudales, libertino, correcto.

Me asustan las horas solitarias,​
más, ante todo, me asusta más…​
aquella compañía efímera y triste​
de una noche sin un brillo.

III.

Hay farolas apagándose despacio,​
perdiéndose en la noche fría,​
contaminadas con el desencanto​
de esta joven vieja usanza que delira.

(Los vampiros nos carcomen)


IV.

Sobre mi cama reposa un ave​
con su pico hurgándome en el pecho,​
sus alas, extendidas siempre al infinito,​
son como un campo de amapolas floreciendo.

En su plumaje cálido y nunca frío,
la blancura de su ser relumbra,​
su cuerpo, que dicho sea es el mío…​
nunca sufre dolorido ante la hambruna.

V.

A lo lejos la noche se lleva​
los restos amargos de otra boca,​
la creencia errónea que lamenta​
el sentido frío aún entre la ropa.

No hay calidez en esta usanza,​
solo un ego infame que deslumbra,​
un hambre eterna, una tumba…​
Y las ganas de morirse en otra almohada.

(Los vampiros… nos carcomen)


« Corpus meum, non est… »

« Anathema »
 
Última edición:

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba