Orfelunio
Poeta veterano en el portal

Anatómico metal
Llega la noche, y con ella
los monstruos ruidosos,
los silencios imposibles,
las máscaras, los fantasmas
con sus uñas, las almas errantes,
la piedra inmueble del sepulcro infernal.
Me siento sobre fuegos
y nubes humeantes;
vuelo hacia alturas
abiertas las alas,
como palmas que orlan
celosías veteando entresijos,
de una espada cuyos filos
hieren herida sobre herida
Los azotes experiencia
del verdugo en el reo,
que ejecuta la sentencia
de algún dios filibustero,
que navega con las velas
en cadavéricas carabelas,
a mordiscos con los cirios
y las mieles de los credos.
Yo oraba el aroma
rama dorada;
la hora roma
corona robada;
negada la aurora
ramón que ramón,
ramona, ramona,
big bag del arroz.
Ora era mora,
ora corola,
ora morada,
ora era sola,
ora quedaba
sonora gramola;
y en la hora más nona
homo loro nos llora
repartiendo el decoro
Reputada señora,
comodín comodoro.
Analicé,
desde el embudo circular
la geodesia de lo estricto,
que se eleva en su mitad
depilando del papel el magnetismo,
disolviendo la tinta
en la cumbre demencial.
Finalicé,
cuerdo en remolino
que se lleva a cualquier viento
bamboleo del efecto
que provoca el ser coriolis,
terminando cero y punto
siendo aún verde su verdad.
Puse la radio,
y escuché sólo misiles
que al mundo están matando.
En una voz incomprensible
se fundieron los fusibles;
¡fuego, fuego! vocearon.
A mí las balas me resbalan,
a mí tus aires son pasar,
silbando la metralla
que nunca acertará.
Procedió un son de guerra,
algún paso militar;
el chasquido en las chaquetas
fusiles de apuntar,
y me reí de aquella fiesta
cuando soñé en el ser metal.
Y nos quedamos
de brazos cruzados,
esperando un terremoto,
o el gol del niñato Ronaldo,
o el evento cancelado en Bahréin;
maldiciendo lo que hace Gadafi,
sin poder, sin poder, sin poder
El pueblo habla,
y casi habla bien,
porque casi quien lo mata,
se retrata y muere él.