Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ah, vasto cuerpo altamente florecido,
montaña celeste que siempre
quiere tocar unas manos desnudas.
Ojos cerrados recorriéndote,
silbándote como un despeñado viento,
fuego fértil para el tacto.
Ah, piel dorada para unas manos altaneras,
como un ancho campo de amarillos trigales
atardeces solitaria entre los valles
esperando una luz viva,
un resplandor de unos tibios besos.
Ah, labios inmensos rociados de tímidos colores
que no recuerdan un agua fresca,
un largo arroyo sonriéndoles,
llamándoles como una secreta catarata.
Pero no es tu pecho un valle oscuro sembrado de nada,
un sinsabor saliendo de la tierra honda,
un gran dolor ampliamente escrito, no,
es un ancho clamor de deseos,
una lucha incesante por amar a destajo.
El tiempo quizá no esté tan cercano
ni huela a mañana aún;
los días, tal vez, no saben de los sentimientos,
de las ilusiones después de una tormenta de verano.
¡ Amor mío, amor mío!
Palabras que suenan con una verdad reluciente.
¿ Por dónde vagáis como un amante ciego
que no encuentra su posada?
¿Dónde os fuisteis tan escasas de cariño?
Ah, mujer serena como el recuerdo de la luna
que cae sobre todas las almas enamoradas.
No quiero ser el que diga mañana
para que mi voz se tuerza en las tinieblas.
Hoy sólo quiero ser un sol bañándote,
amándote sin remedio.
© Copyright
montaña celeste que siempre
quiere tocar unas manos desnudas.
Ojos cerrados recorriéndote,
silbándote como un despeñado viento,
fuego fértil para el tacto.
Ah, piel dorada para unas manos altaneras,
como un ancho campo de amarillos trigales
atardeces solitaria entre los valles
esperando una luz viva,
un resplandor de unos tibios besos.
Ah, labios inmensos rociados de tímidos colores
que no recuerdan un agua fresca,
un largo arroyo sonriéndoles,
llamándoles como una secreta catarata.
Pero no es tu pecho un valle oscuro sembrado de nada,
un sinsabor saliendo de la tierra honda,
un gran dolor ampliamente escrito, no,
es un ancho clamor de deseos,
una lucha incesante por amar a destajo.
El tiempo quizá no esté tan cercano
ni huela a mañana aún;
los días, tal vez, no saben de los sentimientos,
de las ilusiones después de una tormenta de verano.
¡ Amor mío, amor mío!
Palabras que suenan con una verdad reluciente.
¿ Por dónde vagáis como un amante ciego
que no encuentra su posada?
¿Dónde os fuisteis tan escasas de cariño?
Ah, mujer serena como el recuerdo de la luna
que cae sobre todas las almas enamoradas.
No quiero ser el que diga mañana
para que mi voz se tuerza en las tinieblas.
Hoy sólo quiero ser un sol bañándote,
amándote sin remedio.
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