yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Viajando en gotas de sopor por los tejados,
acaricio la luz con las pestañas
y al suelo vienen presagios de tu pelo,
de tu fe pueril y rutinaria.
Acaso las ganas de andar a hurtadillas por tus celos
convoquen espíritus maltrechos y fecundos,
una palabra y dos y cien,
que se enganchan con ganas de poemas parvularios.
Recojo con ansiedad de adicto los sobrantes
que dejaron en su andar gatos en celo,
esparzo en un papel los silabarios
y tu disfraz de musa feraz y enardecida.
Dejo las letras en su danza comun de majaretas
y las desmenuzo poco a poco hasta agrietarlas;
antes de ti las palabras eran de arena,
pesadas y oscuras como un lastre,
agobiado sudor corriendo por la espalda de un estropeado caminante,
antes de ti podrian contarse los huesos en las costillas de las silabas,
famelicas perras que se enredaban
en ausencias necias y recalcitrantes.
Acometo la osadía de llamarte con abanicos de nombres,
paz, arbusto, cielo, ave;
algo empieza a cambiar en los acentos,
todas las formas de tu risa se cuelgan de la nada,
andanada de silabas que aprietan los pinceles,
vocablos juguetones que buscan ser iman de tu mirada.
Afuera el frio es otro pretexto.
acaricio la luz con las pestañas
y al suelo vienen presagios de tu pelo,
de tu fe pueril y rutinaria.
Acaso las ganas de andar a hurtadillas por tus celos
convoquen espíritus maltrechos y fecundos,
una palabra y dos y cien,
que se enganchan con ganas de poemas parvularios.
Recojo con ansiedad de adicto los sobrantes
que dejaron en su andar gatos en celo,
esparzo en un papel los silabarios
y tu disfraz de musa feraz y enardecida.
Dejo las letras en su danza comun de majaretas
y las desmenuzo poco a poco hasta agrietarlas;
antes de ti las palabras eran de arena,
pesadas y oscuras como un lastre,
agobiado sudor corriendo por la espalda de un estropeado caminante,
antes de ti podrian contarse los huesos en las costillas de las silabas,
famelicas perras que se enredaban
en ausencias necias y recalcitrantes.
Acometo la osadía de llamarte con abanicos de nombres,
paz, arbusto, cielo, ave;
algo empieza a cambiar en los acentos,
todas las formas de tu risa se cuelgan de la nada,
andanada de silabas que aprietan los pinceles,
vocablos juguetones que buscan ser iman de tu mirada.
Afuera el frio es otro pretexto.