Descalzo, pantalón corto y una camisa
remendada y desteñida, caminaba
por su sendero, cabizbajo, sin prisa.
Caminaba el chaval, pero no andaba.
A medio camino, quejoso paró,
para determinar el camino andado.
Cual aturdimiento aquél chaval sufrió,
que perdió sentido de lo caminado.
Decaído, se sentó al borde del sendero,
sin ánimo para seguir su camino.
Pensó que caminando sin un lucero,
no llegaría jamás a su destino.
Miró al cielo y llorando desconsolado
gritó al firmamento para hacerse oír:
remendada y desteñida, caminaba
por su sendero, cabizbajo, sin prisa.
Caminaba el chaval, pero no andaba.
A medio camino, quejoso paró,
para determinar el camino andado.
Cual aturdimiento aquél chaval sufrió,
que perdió sentido de lo caminado.
Decaído, se sentó al borde del sendero,
sin ánimo para seguir su camino.
Pensó que caminando sin un lucero,
no llegaría jamás a su destino.
Miró al cielo y llorando desconsolado
gritó al firmamento para hacerse oír:
¿Por qué, Señor?, Por qué el recorrido andado
no me acerca al lugar adónde yo quiero ir?
Y una voz del vacío, con potestad
tronó: "andando caminante, no llegas.
Para llegar, hace falta voluntad,
constancia, fe y obstinación a las ciegas.
Y una voz del vacío, con potestad
tronó: "andando caminante, no llegas.
Para llegar, hace falta voluntad,
constancia, fe y obstinación a las ciegas.