Necesito la sombra de tus palmeras
desierto tibio,
el agua de tu pozo profundo
como el silencio,
tu luz.
Necesito tu aliento cálido
rojo del atardecer,
tu noche fría,
la manta de tu nombre sobre mí
y el fuego de tu jahima,
que me enciende la cara
como tu presencia cercana.
Con tu arrullo me duermo,
con calidez me desvelo;
me sorprende el alba
en tus manos suaves
y en tu sonrisa clara.
Pero es un desierto
el que rodea la casa
y en mi casa me complazco
cada mañana
porque es diferente,
por tu alma y mi alma,
por la lluvia en mis ojos,
por la risa de tu cara,
mirando el día siempre nuevo,
la alegría en la alfombra,
la mirada en la mirada,
y la noche resbalando
entre las ventanas.
Por eso monto guardia
al lado de la puerta
sin que la tarde me atrape,
acecho en la entrada
pero abierta mantengo la puerta
hasta la noche cerrada.
desierto tibio,
el agua de tu pozo profundo
como el silencio,
tu luz.
Necesito tu aliento cálido
rojo del atardecer,
tu noche fría,
la manta de tu nombre sobre mí
y el fuego de tu jahima,
que me enciende la cara
como tu presencia cercana.
Con tu arrullo me duermo,
con calidez me desvelo;
me sorprende el alba
en tus manos suaves
y en tu sonrisa clara.
Pero es un desierto
el que rodea la casa
y en mi casa me complazco
cada mañana
porque es diferente,
por tu alma y mi alma,
por la lluvia en mis ojos,
por la risa de tu cara,
mirando el día siempre nuevo,
la alegría en la alfombra,
la mirada en la mirada,
y la noche resbalando
entre las ventanas.
Por eso monto guardia
al lado de la puerta
sin que la tarde me atrape,
acecho en la entrada
pero abierta mantengo la puerta
hasta la noche cerrada.