Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
El viento arrojo las últimas notas de tu canción
sobre la muda esperanza de mis sueños,
en mis espaldas queda esa llamarada de ilusión.
De un amor lejano del cual dejamos de ser los dueños.
Ventanas de tonos grises que se empañan
entre el vaho cautivo que queda desarmado,
lunares húmedos que con mi alma se ensañan.
Tiemblo con el frío recorrido de tu recuerdo.
La mañana me habla de tus versos
frescos y tiernos como los despertares,
tus palabras son manta de tejidos tersos.
Campos floridos, caminitos de largos pesares.
La rueca da vuelta en el molino de mi mirar
las aspas de mis brazos empiezan a desperezarse,
descubro los cisnes de tus manos sin nadar.
Los eucaliptos poblados de espigas por asomarse.
Mis andanzas nos llevarán mucho más distantes
y mis pasos tropezaran con esa voz que anuncia,
para beber en el oasis de su pecho, como antes.
De este amor grandioso que no renuncia.
Enigmática y bella luna argentada
espléndida ante las miradas de los poetas,
luminaria que del sol abraza la luz reservada.
Prendida en un manto que describen los profetas.
Te he seguido en la sombra del peregrino
he estado en las manos extendidas del mendigo,
entre el espejismo de cada camino.
En mis noches de desvelo, tú estas conmigo.
Elevo mi copa ante la dama que lo provoca
he guardado el color de sus ojos en el vino,
me muerdo los labios por descubrir en su boca.
A que sabe un beso si me aproximo.
sobre la muda esperanza de mis sueños,
en mis espaldas queda esa llamarada de ilusión.
De un amor lejano del cual dejamos de ser los dueños.
Ventanas de tonos grises que se empañan
entre el vaho cautivo que queda desarmado,
lunares húmedos que con mi alma se ensañan.
Tiemblo con el frío recorrido de tu recuerdo.
La mañana me habla de tus versos
frescos y tiernos como los despertares,
tus palabras son manta de tejidos tersos.
Campos floridos, caminitos de largos pesares.
La rueca da vuelta en el molino de mi mirar
las aspas de mis brazos empiezan a desperezarse,
descubro los cisnes de tus manos sin nadar.
Los eucaliptos poblados de espigas por asomarse.
Mis andanzas nos llevarán mucho más distantes
y mis pasos tropezaran con esa voz que anuncia,
para beber en el oasis de su pecho, como antes.
De este amor grandioso que no renuncia.
Enigmática y bella luna argentada
espléndida ante las miradas de los poetas,
luminaria que del sol abraza la luz reservada.
Prendida en un manto que describen los profetas.
Te he seguido en la sombra del peregrino
he estado en las manos extendidas del mendigo,
entre el espejismo de cada camino.
En mis noches de desvelo, tú estas conmigo.
Elevo mi copa ante la dama que lo provoca
he guardado el color de sus ojos en el vino,
me muerdo los labios por descubrir en su boca.
A que sabe un beso si me aproximo.