cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
ÁNGEL DEL AGUA
Casos y cosas
Arrepiento haber desviado la mirada del punto
fijo donde estaba, inquietas niñas de mis ojos,
me hicieron ver a otro lado, en mí vida
jamás había imaginado.
No era una mujer, era un ángel, cabello dorado,
mirada azul cielo, su sonrisa un paisaje, alas
sus angelicales brazos. Fue inmenso impacto
nuestra mirada, fundió mí alma, cual pintura
en pared desparramada.
Regreso a casa, me miro al espejo, pensando en
mí algo hubiese cambiado, imaginé aquella
mirada algún efecto causó en ella.
Volví al punto de aquel encuentro, nos miramos
de nuevo, ella estaba más bella. Ante el temor
su rechazo, sigiloso llegué a su lado; su boca
una rosa, sus dientes nacarados, cerca una diosa.
Balbuce algunas palabras lisonjeras, nada nuevo
para ella, aceptadas sin embargo amablemente.
Caminamos entre pérgolas y jardines, las flores
se opacaron, fue su atractivo inconmensurable.
Concertamos nueva cita, antes me dijo yo soy piscis,
agua es mi romanzo, perfume de mí cuerpo, soy
refugio, mejor dicho inspiración de poetas y escritores,
esperando ansiosa, uno de ellos sus amores; ninguno
hasta éste momento, ha llenado un requisito de mis
condiciones; entre ellos reyes, príncipes e intelectuales
de jerarquía, quien sabe si tú, me advirtió, puedas ser ese
sueño cuanto tiempo acariciado y, con tu pluma puedas
complacerme:
Se trata simplemente dedicarme un poema de nuestro
feliz encuentro, te reitero yo soy piscis, sí me lo concedes,
viviremos felices el resto de nuestras vidas, sólo quiero
ese poema me lo escribas en el agua, de cualquiera de
los mares.
cristóbal monzón lemus
Casos y cosas
Arrepiento haber desviado la mirada del punto
fijo donde estaba, inquietas niñas de mis ojos,
me hicieron ver a otro lado, en mí vida
jamás había imaginado.
No era una mujer, era un ángel, cabello dorado,
mirada azul cielo, su sonrisa un paisaje, alas
sus angelicales brazos. Fue inmenso impacto
nuestra mirada, fundió mí alma, cual pintura
en pared desparramada.
Regreso a casa, me miro al espejo, pensando en
mí algo hubiese cambiado, imaginé aquella
mirada algún efecto causó en ella.
Volví al punto de aquel encuentro, nos miramos
de nuevo, ella estaba más bella. Ante el temor
su rechazo, sigiloso llegué a su lado; su boca
una rosa, sus dientes nacarados, cerca una diosa.
Balbuce algunas palabras lisonjeras, nada nuevo
para ella, aceptadas sin embargo amablemente.
Caminamos entre pérgolas y jardines, las flores
se opacaron, fue su atractivo inconmensurable.
Concertamos nueva cita, antes me dijo yo soy piscis,
agua es mi romanzo, perfume de mí cuerpo, soy
refugio, mejor dicho inspiración de poetas y escritores,
esperando ansiosa, uno de ellos sus amores; ninguno
hasta éste momento, ha llenado un requisito de mis
condiciones; entre ellos reyes, príncipes e intelectuales
de jerarquía, quien sabe si tú, me advirtió, puedas ser ese
sueño cuanto tiempo acariciado y, con tu pluma puedas
complacerme:
Se trata simplemente dedicarme un poema de nuestro
feliz encuentro, te reitero yo soy piscis, sí me lo concedes,
viviremos felices el resto de nuestras vidas, sólo quiero
ese poema me lo escribas en el agua, de cualquiera de
los mares.
cristóbal monzón lemus
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