Ángel endiablado.

Francisco Borgoñoz Martinez

Poeta fiel al portal
El día que yo me muera, para seguido,
que no venga ningún cuervo,
con cantos de pajarillo,
a remojar mi féretro.

Morirse sale muy caro
-que no me toquen los huevos-
a ver si con la tontería se me pudren los maderos
antes de amortizarlos.

El día que yo me muera, para toda la vida,
quedó ya dicho a mis hijos,
por si a mí se me olvida,
que pongan en mi bolsillo, mil cajitas de condones,
no sea que allá, donde quiera que valla,

no tengan expendedores.

El día que yo me muera, que se calle el silencio
y que suene buena rumba catalana
que hace bailar a los muertos.
Morirse sale muy caro
-que no me toquen los huevos-
y no me vengan con flores, llantos ni ruegos,
porque si me cabreo me levanto,
y ya no me muero.

Pero si un día me muero, y es para siempre,
que no me esperen en el Cielo
que pan dulce, de muerto, no quiero,
seguro que pudre los dientes
-que no me toquen los huevos-
yo quiero irme al infierno
y comerme mil espectros bien calientes,
así gastar mis cajitas de condones.

El día que yo me muera, lo voy a tomar en serio,
si mis sentidos pierdo, y dejo de sentir a quienes amo,
que más me da, infierno o cielo,
que se jodan los dos bandos
-que no me toquen los huevos-
ni me conformo con alas
ni me dan miedo los fuegos.
Que se atenga, quien su mano en mi hombro ponga,
porque seré un Ángel endiablado,
el día que yo me muera, y no sienta a los que amo.







 
El día que yo me muera, para seguido,
que no venga ningún cuervo,
con cantos de pajarillo,
a remojar mi féretro.

Morirse sale muy caro
-que no me toquen los huevos-
a ver si con la tontería se me pudren los maderos
antes de amortizarlos.

El día que yo me muera, para toda la vida,
quedó ya dicho a mis hijos,
por si a mí se me olvida,
que pongan en mi bolsillo, mil cajitas de condones,
no sea que allá, donde quiera que valla,

no tengan expendedores.

El día que yo me muera, que se calle el silencio
y que suene buena rumba catalana
que hace bailar a los muertos.
Morirse sale muy caro
-que no me toquen los huevos-
y no me vengan con flores, llantos ni ruegos,
porque si me cabreo me levanto,
y ya no me muero.

Pero si un día me muero, y es para siempre,
que no me esperen en el Cielo
que pan dulce, de muerto, no quiero,
seguro que pudre los dientes
-que no me toquen los huevos-
yo quiero irme al infierno
y comerme mil espectros bien calientes,
así gastar mis cajitas de condones.

El día que yo me muera, lo voy a tomar en serio,
si mis sentidos pierdo, y dejo de sentir a quienes amo,
que más me da, infierno o cielo,
que se jodan los dos bandos
-que no me toquen los huevos-
ni me conformo con alas
ni me dan miedo los fuegos.
Que se atenga, quien su mano en mi hombro ponga,
porque seré un Ángel endiablado,
el día que yo me muera, y no sienta a los que amo.





Francisco buen escrito, me gustó la lectura donde nos presentas una muerte irónica. Saludos.
 

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