Teo Moran
Poeta fiel al portal
Allí en el mar de trigo camina
rozando las espigas delgadas
el frío invierno con su dolido secreto.
Allí con su segmento el mar inquieto
atrapa con sus olas las almas rotas
ahogando las verdades insustanciales
en el quebranto de dos melodías
que con su tormento nos envuelven
y nada queda tras los pasos inciertos.
Allí hay vida tras los pasos errados;
quise entender porque me hieren
aquellas amapolas con su fiereza
pero el ángel caído con su gravedad
dictó que solo soy una herrumbre
donde el trigo de mí se avergüenza
y el amor quiso ser prisionero del cielo
aún a sabiendas que yo sin sus alas
solo seré mártir de los besos del viento.
-¡Vete! Olvida las notas de mi voz,
siega las espigas que nacen de mis dedos,
oculta a la luna: El satélite del alma.
Rompe el pergamino de mi muerte,
agranda la herida en esta noche oscura
y clava en ella los clavos de tu ira…
-¡Dime suavemente que me odias!
No soy nadie en la opacidad del olvido,
mas nada debo, ni promesas ni recuerdos,
el alma se fue en busca del mar de trigo
y allí quedaron las huellas de algún amor,
allí quedaron las promesas de un universo
que hoy se oscurece en mi corazón;
volverá el mundo a sentir vergüenza
del talle del poeta que hoy se muere
al cual tú denuestas con desdén,
quedarán las entrañas para los gusanos
y los versos será una oración al viento
el cual se avergonzará de mí en silencio...
¡No soy ángel y temo ser solo un demonio!
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